FICHA TÉCNICA



Título obra La guerra de las gordas

Autoría Salvador Novo

Dirección Salvador Novo

Elenco Guillermo Zetina, Alicia Montoya, Rosa María Moreno, Carlos López Moctezuma, Mario García González, Raúl Ramírez, Enrique Aguilar

Escenografía Antonio López Mancera

Referencia María Luisa Mendoza, “Salvador Novo y García Lorca”, en El Gallo Ilustrado, no 46, supl. de El Día, 12 mayo 1963, p. 4.




Título obra La casa de Bernarda Alba

Autoría Federico García Lorca

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Berta Moss, Margarita Galván, Virginia Gutiérrez, Margot Wagner, Carmen Areu, Clementina Lacayo

Escenografía David Antón

Referencia María Luisa Mendoza, “Salvador Novo y García Lorca”, en El Gallo Ilustrado, no 46, supl. de El Día, 12 mayo 1963, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Salvador Novo y García Lorca

María Luisa Mendoza

En la inmersión del maestro Salvador Novo en los orígenes del mexicano, en su búsqueda ejemplar de la historia y del idioma de un pueblo, se encontró con hechos qué le merecieron la atención para construir con ellos una comedia. Como si quisiera destruir con irónicos plumazos la carcomida idea de que en los ayeres nada más hubo seriedad y meditación. Novo se enfrentó, pues, a la risa aristofánica y quedó conquistado por la secular manera de criticar en el gozo de la carcajada. Es este sin duda el primer impulso que lo llevó a escribir la comedia La Guerra de las gordas, que es un hecho apresado en las crónicas del padre Durán y Alvarado Tezozómoc, en los Anales de Cuauhtitlán, en la Monarquía Indiana de Torquemada y en otras fuentes igualmente autorizadas.

Con un prólogo cuyas delicias quedan reservadas a los que concurran al desarrollo de la obra, inició así dos historias de reyes y ambiciones, las cuales, cada una por separado, no llegaron a unirse más que con el débil eslabón de un personaje femenino: la reina Chalchiuhnenetzin. Es precisamente ese no cerrarse en círculo lo que impuso una débil acción en muchas escenas que no lograron sobrepasar la quietud, a pesar de estar aderezadas por gracejos y humoradas, deliciosos retruécanos y frases de una agudeza hiriente, tan a la manera y el estilo en que el mexicano sigue burlándose de sí mismo y de los demás.

No obstante esta cierta inapetencia por el movimiento y la acción, el público recibe la cauda de anacronismos habilísimos con que Novo supo hacer florecer en dos actos que son de fuerte sabor y sabrosura picante. Un tanto asustado el espectador, guarda de pronto silencio después de una oración sin regodeos, para dejar salir la risa luego en una rotunda aprobación que lo descansa.

Bajo la dirección del propio autor, la obra quedó en sus manos idéntica a como fue escrita y esto tal vez no le hizo un real favor, puesto que con otros ojos sus escenas débiles habrían recibido el espaldarazo de la rapidez que Novo mismo no apreció.

Queda no obstante abierta la puerta para la investigación y la incursión al pasado, gracias a esta primera comedia de asunto prehispánico que es de esperarse muchos otros sigan con la debida atingencia. Esta vez con la escenografía de Antonio López Mancera, que sirve con exactitud al espíritu y a la atmósfera de la comedia.

Guillermo Zetina seguro y atinado sobretodo en el prólogo. Muy bien Alicia Montoya, Rosa María Moreno, Carlos López Moctezuma y Mario García González. Sobresaliente Raúl Ramírez como el emperador Axayácatl, y en el papel del rey de Tlatélolco Moquihuix: Enrique Aguilar.

La casa de Bernarda Alba

Así que pasaran mil años sería recibida con placer cualquier obra del genial granadino Federico García Lorca. Con mayor razón esa Casa que es junto con Bodas de sangre algo así como sus dos más altas torres. Luis G. Basurto ha almacenado generoso el impulso de darlas a México y ahora, después de Doña Rosita la soltera, ofrece ese pedazo fuerte y jugoso de la vida de Bernarda.

Habrá que agradecerlo una y otra vez, máxime que su dirección se nota llena de entusiasmo, emoción ésta, probablemente, que le impidió avizorar a la distancia lo molesto que resulta el vestuario multicolor de la abuela María Josefa. Es cierto que esta anciana demencial, y poética por ello mismo, porta flores en la cabeza y en el pecho, pero se antoja un toque demasiado mexicano ese vestido que golpea como hacha en la negrura de los demás trajes de luto. Como asimismo Basurto no habrá captado que la Bernarda que vive Berta Moss no posee propiamente el carácter rígido y señorial de la señora de campo que reina en una casa blanca y umbrosa de la campiña ibérica. La señora Moss esta vez equivoca el personaje y le da tintes americanos, ángulos que saltan a la vista del enamorado lorquiano.

Sin embargo, vale tanto el empeño, la bondad de Basurto, que nada más con la actuación de Margarita Galván como Martirio y la interpretación de Virginia Gutiérrez en el perfil de Adela, cualquier otra cosa sale sobrando. Es lo menor, junto a ese grupo de actrices que contribuyen a darle lucimiento al drama de mujeres: Margot Wagner, Carmen Areu, Clementina Lacayo etc.

David Antón planeó y realizó un decorado imaginativo y funcional, con esa sequedad que habitaba la obscura casa de Bernarda Alba.