FICHA TÉCNICA



Título obra Tirano Banderas

Autoría Ramón del Valle Inclán

Dirección Ignacio López Tarso

Escenografía Félida Medina

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Bruno Bert, “Tirano Banderas”, en Tiempo Libre, 27 agosto 1992, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Tirano Banderas

Bruno Bert

Dentro de las obras que resultaron seleccionadas en la primera Convocatoria Nacional de Teatro que realizara el IMSS, el ISSSTE y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, se encuentra la que dirigió Ignacio López Tarso. Me refiero a Tirano Banderas, de don Ramón del Valle Inclán, que se está presentando en la sala del Hidalgo, junto a Bellas Artes.

En realidad se trata de una novela que fue escrita en 1926, y adaptada por Enrique Llovet para la escena. Es interesante la elección porque Del Valle Inclán es especialmente importante para la literatura dramática por su rica y original producción, por lo que tiene un algo de llamativo el haber elegido la adaptación de una novela en lugar de cualquiera de sus obras. Pero por otra parte, merece la pena recordar que Lluis Pasqual, el talentoso director español, contrató el año pasado a nuestra excelente actriz Angelina Peláez para montar en Europa este mismo trabajo a estrenarse dentro del ciclo de celebraciones del 92. El interés especial posiblemente resida en este caso en las connotaciones americanas, incluso específicamente mexicanas, que esa obra contiene, provenientes de tos diversos viajes que el autor español hiciera a nuestro país, tanto durante el porfiriato como a principios de la década de los veinte, cuando la Revolución ya comenzaba a afianzarse.

Es claro que aunque no intenta retratar directamente a Porfirio Díaz en la imagen de Santos Bandera, varios rasgos de nuestro dictador encarnan la figura del viejo déspota. Naturalmente se trata de una crítica pero, español al fin aunque atípico en tantas cosas, Del Valle Inclán siente una cierta fascinación por el poder absoluto al que racionalmente detesta y el que ha retratado bajo distintas caras en varias de sus obras.. Y así, en definitiva, le otorga una cierta grandeza que en el caso de esta puesta se acrecienta, ya que el papel lo interpreta el mismo director, que, naturalmente, está lejos de intentar denigrar (se) en imagen al protagonista, y hasta recurre a un cierre que puede llegar a rememorar —valgan las distancias— la muerte de Zapata, por ejemplo, también acribillado desde distintos ángulos y por sorpresa.

Tal vez lo más llamativo, en lo que al soporte literario hace, no es sólo la habilidad y fuerza de Del Valle Inclán, sino la imagen que da de los españoles: componedores, afeminados, prestamistas... en fin, una galería no muy seductora, que destaca sobre el heroísmo incluso un poco acartonado de los héroes locales, y el sabor de burdel que aparece como contextualizando los acontecimientos y que abarca generosamente a los dos bandos en pugna. No es que no haya sido usual la más feroz crítica a las lacras de la sociedad y el pensamiento español de su momento, toda la generación del 98 fue implacable en esto. Pero no tan directamente en confrontación de otros horizontes como en este caso. En lo personal no creo que Tirano Banderas esté entre lo más importante de aquel manco extravagante y genial; y aún menos en esta adaptación. Pero de todas maneras el libro conserva las trazas de interés fundamental que lo hace digno de su autor, y al menos aceptable para nosotros.

López Tarso hace un montaje simple, ligero, y no recurre a recreaciones estéticas capaces de una "tensión creativa" por parte del director. Más bien se atiene al texto y al mínimo de acciones que éste puede sugerir para la escena, e indica a sus actores un uso racional y no muy imaginativo del espacio. Le complementa Félida medina en la escenografía e iluminación, creando unas estructuras móviles y resignificables, indudablemente prácticas y también posiblemente económicas, pero no precisamente bellas.

Entendiendo por supuesto que no hablo de posibles preciosismos formales, sino simplemente de enriquecimiento de la propuesta artística. Más bien pareciera que toda la puesta está como "encallecida" por el oficio, dando como resultado algo que para muchos seguramente será eficiente; que por supuesto es decoroso y profesional, pero que en cambio no tiene ningún vuelo imaginativo; ningún riesgo, en definitiva, salvo los mínimos inevitables que corre cualquier plantel que decide vivir la aventura de un montaje.

Tal vez Del Valle Inclán —tan poco montado entre nosotros por aquello de que sus obras son "imposibles de llevar a escena"— merecía algo más polémico y más vital. Pero de todas maneras y frente a los hechos consumados, no está mal después de todo que tengamos la opción de verlo en los escenarios mexicanos. Salvo un par de intervenciones verdaderamente poco afortunadas (que prefiero callar), los actores tienen momentos de interés, capaces de atrapar nuestra atención. López Tarso maneja un personaje como a su medida y el ritmo general es suficientemente ágil como para volcar en definitiva la balanza en favor de un grato compartir con la obra a pesar de los tropiezos que antes mencionamos. Ojalá este Tirano Banderas abra el apetito local hacia otras proposiciones escénicas del mismo autor.