FICHA TÉCNICA



Título obra Malasangre o Las mil y una noches del poeta

Autoría Arthur Rimbaud

Dirección Mauricio Caledón

Grupos y compañías Teatro del Silencio

Espacios teatrales Gimnasio Juan de la Barrera

Referencia Bruno Bert, “Escenas del festival. Una más de las mil y una noches del poeta”, en Tiempo Libre, 9 julio 1992, p. 36.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Escenas del festival
Una más de las mil y una noches del poeta

Bruno Bert

En el día de apertura del Cuarto Gran Festival de la Ciudad de México, se presentó el grupo chileno Teatro del Silencio con un espectáculo que montaran el año pasado, rememorando el centenario de la muerte del poeta francés Arthur Rimbaud (185-1891). Mala sangre o las Mil y Una Noches del Poeta fue llevada a escena en el gimnasio Juan de la Barrera; por sus características bien se presta para funciones al aire libre o en grandes galerones donde pueda instalarse el símil de una enorme tienda de campaña con reminiscencias de las velas de un barco, de donde salen y reingresan los actores, formando luego un extenso óvalo en el que convergen las alternativas del trabajo. Es un nutrido equipo de alrededor de 16 actores-mimos que van acompañados por un con- junto de músicos que tejen una tupida trama sonora capaz de mantener la tensión y el ritmo de un espectáculo fuertemente ayudado por el compromiso físico de los actores.

Resulta insólito en primera instancia un homenaje mudo al que creó mundos a partir de la palabra, pero interesa en la medida que necesariamente hay un corrimiento hacia la imagen, y el grupo intenta en ellas crear un correlato de la poesía de Rimbaud. Obviamente no por ilustración, a lo que por otra parte se opondría la sustancia misma de aquellos textos de uno de los máximos poetas malditos; sino tejiéndola en el anecdotario de su vida, es decir, en la suma de conflictos, tensiones y deseos que conformaron el substrato que a su vez nutrió el nacimiento de esas iluminaciones o El barco ebrio, al que se hace frecuente referencia visual.

Posiblemente dos sean las virtudes más características de este grupo: por un lado su capacidad imaginativa para plasmar en "silencio" (de palabras, claro, porque la presencia musical es un pilar constante y fundamental del espectáculo) la estructura narrativa; y por otro el rigor corporal y compositivo con que utiliza los elementos tradicionales de la mímica (el director —Mauricio Caledón fue alumno directo de Decroux y Marcau) refrescándolos con técnicas de actuación que reconocen sus antecedentes en los trabajos de la Mnouchkine y su particular manejo del espacio y los conjuntos.

En todo su discurso, formal e ideológico, hay un equilibrio entre los momentos sociales y los componentes individuales de las motivaciones de Rimbaud, hecho que se refleja en la puesta, creando una estructura que puede compartir pequeñas situaciones como de cámara, con grandes desplazamientos coreográficos colectivos, fuertemente marcados.

La ropa y el maquillaje buscan el efecto propio de la espectacularidad, logrando los acentos a distancia gracias a lo abigarrado de los colores, a la amplitud de los trazos y lo acentuado de los rasgos; que alejan cualquier reminiscencia naturalista para incitarnos a un lenguaje predominantemente expresionista.

La narración abarca cuatro etapas de la vida del poeta y son cuatro actores (en realidad tres actrices y un actor) los que asumen su niñez, adolescencia, juventud y madurez, primero en forma progresiva y luego concurriendo todos en las veloces escenas finales que congregan la avalancha de recuerdos y la participación de todos los personajes en un crescendo que entusiasma al público asistente, que brinda un generoso aplauso al término del trabajo, premiando el compromiso y la calidad de los actores, más la efectividad de los músicos y el director.

Este Teatro del Silencio nos muestra a un Chile maduro, abierto a las experiencias del mundo y sintetizando lenguajes artísticos con habilidad, en busca de etapas superadoras de su pasado más reciente, con un nuevo teatro nacional en gestación. No es imposible hallar algunas fisuras en el conjunto y su producto, pero la calidad del mismo y la coherencia que muestra su trabajo vuelcan totalmente a su favor la reacción del espectador, gozando estas mil y una tormentosas noches del poeta francés, que ya hace mucho en pleno ciudadano del mundo.