FICHA TÉCNICA



Título obra Dulces compañías

Autoría Óscar Liera

Dirección Julio Castillo

Elenco Delia Casanova, Eduardo Palomo

Espacios teatrales Teatro La Gabarra

Referencia Bruno Bert, “El terror como juego de excitación. Dulces compañías”, en Tiempo Libre, 14 julio 1988, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El terror como juego de excitación
Dulces compañías

Bruno Bert

En el pequeño espacio del teatro del NET se está presentando la obra de Oscar Liera Dulces compañías bajo la dirección de Julio Castillo, con el concurso de apenas dos actores. Pareciera que después de manejar amplios grupos en De la calle, hubiera necesitado espacios mucho más íntimos donde en pocos metros cuadrados y entre dos decantara en el naturalismo aquel amplio friso expresionista siguiendo con el tema de la marginación urbana y la destrucción del individuo. Tal vez el actual protagonista pudiera ser el mismo Rufino (el que es eje en la obra de González Dávila), si en lugar de morir físicamente hubiera paradójicamente sobrevivido para ser muestra de lo que queda en alguien a quien la sociedad ha desintegrado en sus elementos esenciales como ser humano.

Las líneas de lectura de Dulces compañías son concurrentes pero variadas y dependerá de la ópera del espectador la que adquiera mayor relevancia. Una de ellas es la posibilidad del placer en su intersección con la muerte. El terror como juego de excitación y el asesinato como el instante de posible captación orgiástica, a veces por parte sólo del victimario, a veces como una simbiosis con la víctima. Y aquí tal vez podamos encontrar semejanzas con ciertas ideas de Bataille aunque ubicadas en un contexto esencialmente distinto que modifican su sentido volcándolo hacia una lectura más cercana a lo político. Se trata de la pintura de una sociedad tanática a la que se enjuicia en sus distintas clases, pero es claro que la recurrencia por parte de la clase media a elementos de marginación comprados y usados como un sucedáneo de la compañía y la sexualidad introduce en la trama de sus valores expresados un elemento de disolvencia que una vez en marcha no lleva más que a estallar ese pequeño mundo egoísta y amurallado, simbolizado en el departamento propio y la suma de sus objetos que serán destruidos junto con sus integrantes. El espacio, la casa, los muebles y el poco de dinero son pobres defensas cuando la contradicción social hace presa de ellas reduciéndolas a polvo.

Así Dulces compañías se presenta como una sólida obra de Liera porque logra contener claramente en su situación anecdótica diversos niveles de impactación social, política y sicológica sin que ninguna de las implicaciones cubra a las otras minimizándolas, presentando una superficie compacta y solvente que golpea al espectador justamente por la contundencia de lo global del discurso y por el sólido ensamblaje escénico que ha logrado darle Julio Castillo como director.

Es especialmente interesante el trabajo de los dos únicos actores: Delia Casanova y Eduardo Palomo, que bajo la dirección de Castillo van manteniendo un ritmo y creando un clima que privilegia y amplia como una lente distintas ópticas en los diversos momentos del trabajo, conduciendo la visión sin fijarla en un solo ángulo de mira.

La estructura naturalista se quiebra por momentos dejando otras áreas y espacios (como al comienzo del segundo acto) como un hábil relax para la atención sobrecargada que necesita reír para distanciar y volver sobre mecanismos que ya nos han sido mostrados

La construcción de los tres personajes es no sólo convincente sino plena de verdaderos momentos de interés actoral, y más allá que pueda interesarnos más un acto que otro (hay algunas debilidades constructivas en la reiteración con matices) es siempre sorprendente en el sentido creativo que ambos hacen de sus papeles.

Un trabajo —como casi todos los montados por este director — para ver y desmenuzar a niveles tanto técnicos como ideológicos.

Delia Casanova y Eduardo Palomo en Dulces compañías, de Oscar Liera, dirección Julio Castillo, Teatro La Gabarra (Amsterdam 10, esq. Popocatépetl, Hipódromo, 514-32991, viernes (20.-30), sábados (19:00) y domingos (18:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel Escalante.