FICHA TÉCNICA



Título obra Sueños de un seductor

Autoría Woody Allen

Elenco Myrrha Saavedra, Mauricio Herrera

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Referencia Bruno Bert, “Sueños de un seductor. Original y copia”, en Tiempo Libre, núm. 328, 21 agosto 1986, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Sueños de un seductor
Original y copia

Bruno Bert

Muchas veces, cuando un director es verdaderamente creativo, en casi todas sus obras termina por hablar de cosas similares, en un lenguaje propio y siempre vinculado, en forma directa o indirecta a las relaciones que tienen sus obsesiones con el entorno en que vive. Y esto no significa que se repita sino que toda su obra adquiere matices de variaciones sobre un tema fundamental. Así pasa por ejemplo con Bergman; acrecentándose si además esa persona es también actor y asume los roles que como escritor compone y como director dirige para él mismo, en una pluralidad de funciones que pocas veces resulta si tras esa convergencia de roles no existe el genio de un Chaplin y un Woody Allen.

Es que aquí el creador funciona en plenitud, y poniéndose al centro genera desde sí esa fuerza centrífuga que termina, a partir de su profunda originalidad, por abarcarnos a todos que de esa manera compartimos e integramos la obra, comprendiendo sin embargo claramente cuál es el eje de la que surge. ¿Qué pasaría en cambio sí tomáramos por ejemplo La quimera del oro o Tiempos modernos y la pasáramos, en lenguaje teatral, a otro que no sea Chaplin? Lo primero y más evidente es que el actor que supla a éste no podrá evitar tener constantemente sobre sí la sombra agigantada por la ausencia del creador original. Y la obra será como los hijos de los famosos que siempre compiten con el nombre del padre o de la madre y a los que les cuesta el doble que a cualquiera destacar porque tendrán que hacerlo por encima del inmenso referente.

En este caso sucede lo mismo. No es seguro que Sueños de un seductor (Play it again, Sam); como dice el programa de mano, sea la mejor comedia de Woody Allen, pero en todo caso le pertenece de pies a cabeza y está tan impregnada de él que cualquier otra que la protagonice nunca podrá darle una nueva personalidad sino tan sólo tratar de ser fiel reflejo de la imagen original. Lo cual no es un destino francamente envidiable. Y esto más allá de la calidad de la reposición, ya que, contrariamente a cualquier otro caso, la juzgaremos como mejor en cuanto más parecida sea la copia, estando condenada de antemano a jamás poder suplirla a partir de elementos propios. La suerte de un producto en estas condiciones está debilitada en su raíz y de nacimiento.

En este caso es Mauricio Herrera el que asume -al estilo Allen- la dirección, adaptación, escenografía y actuación del rol fundamental del espectáculo. Y está bien que lo haga porque es una de las formas de tratar de conservar esa unidad primigenia. Y además no lo hace mal (como tampoco los restantes actores del elenco). La adaptación teatral es ligera y conserva o rescata los tonos más significativos de la comedia, los climas más cercanos a los que rodean al director norteamericano; y no ya sólo por los diálogos, sino también como el resultado globalizador del trabajo. Y esto en las diversas áreas que abarca y desarrolla, incluyendo música, escenografía, etc. Pero inevitablemente ocurre lo que mencionábamos y por bien que trabaje Herrera haciendo de Woody Allen nunca logra llegar a suplirlo. Qué bien para Herrera (prefiero un original a cualquier tipo de copias) pero qué pena para el espectáculo porque de esta manera opaca el trabajo que de por sí es ameno y con indudables aciertos.

Claro que podríamos pensar que no todo el público vio el filme o conoce a W.A. y que estos podrán disfrutarlo sin molestos referentes al alcance de la mano.

Ojalá sean muchos los que estén en esta condición porque seguramente pasarán un grato momento. Para los que en cambio sí tenemos antecedentes visuales y además admiramos a Woody Allen, pues... que salimos más con nostalgia que divertidos reconociendo que hubiera sido mejor no compararse con las montañas porque hasta lo bueno queda así empequeñecido.

Myrrha Saavedra y Mauricio Herrera en Sueños de un seductor, de Woody Allen, Teatro Julio Prieto (Xola y Nicolás San Juan, Col. Del Valle, tel. 543-3478), martes a jueves 20:30, viernes y sábado 19 y21:30; domingo 17 y 20 horas. (Fotografía de Luis Fernando Moguel).