FICHA TÉCNICA



Título obra Manga de clavo

Autoría Juan Tovar y Beatriz Novaro

Dirección José Caballero

Elenco Angelina Peláez, Emilio Echeverría

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Manga de clavo. Vaya un dictador”, en Tiempo Libre, núm. 282, 4 octubre 1985, pp. 25 y 50.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Manga de clavo
Vaya un dictador

Bruno Bert

Generalmente la historia de los países y los hombres que los construyeron (y destruyeron) suele estar escrita en blanco y negro, con tal carencia de gris que pierde toda profundidad, toda humanidad y todo sentido del humor. No es materia de reflexión sino dogma para el aprendizaje de las generaciones, inmutable mientras no cambian los partidos que gobiernan, simplemente reversible cuando esto sucede y los malditos se transforman en héroes y viceversa. El bajar la mano de Napoleón, en su pose clásica, desde la chaqueta hasta el pantalón, es una irreverencia que pocos pueblos se permiten y que implica un saludable airecillo en medio de tanto tufo de museo y de tanto discurso hueco y resonante como las campanas.

Manga de clavo, la obra de Juan Tovar y Beatriz Novaro que dirige José Caballero en la Casa de la Paz, es un equivalente a ese viento que permite respirar en medio del cementerio de la historia, porque flexibiliza las estatuas que lo pueblan y las vuelve a la altura de los que comenzaron una tarea que no está concluida y de la que nos nutrimos para comprender nuestras contradicciones de hoy.

El nombre de la obra está tomado de una de las haciendas de Santa Anna, donde él se retiraba habitualmente, luego de una de sus tantas renuncias a la primera magistratura del país —fue presidente once veces— y a la espera que "la patria volviera a requerir de sus sacrificios". Y allí sucede la acción, que a su vez está enmarcada estenográficamente por el Gran Teatro de Santa Anna, con grandes luces de neón y orquesta a tono de la época, lo que permite transformar a toda la obra en una serie de cajas de representación donde se da el teatro de la historia y donde el "dictador resplandeciente" funge como un hábil primer actor de varias décadas del siglo pasado que se mezclan en un ir y venir de tiempos imaginados o pretéritos.

Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria, Agustín de Iturbide, los Niños Héroes y hasta el mismo Benito Juárez pueblan el espacio que cambia y transforma permanentemente con canciones y corridos, simbólicas peleas de gallos, banquetes y nombramientos presidenciales. La sagacidad y a simpatía de Santa Anna corren parejas con su capacidad para la intriga política o su, disponibilidad para la traición si así lo indican sus intereses personales.

Es de destacar el trabajo de Emilio Echeverría en el papel del Supremo Dictador, la habilidad en el manejo de su cuerpo y en la composición fársica de su personaje, con esos tics que sugieren la sensualidad de Santa Anna como su facilidad para el discurso.

La agilidad del trabajo casi nunca decae y la abundancia de recursos en un espacio tan reducido como el escenario de la Casa de la Paz, con el uso de distintos planos, incorporando elementos ingenuos en una composición casi de revista, aumenta el agrado con que se acometen ideas y parlamentos que nada tienen de triviales aunque estén planteados con gran humor.

La búsqueda de una identidad "en medio de este desmadre", el valor de la coyuntura, la importancia del caudillo por sobre el plan, el sentido del oportunismo, la importancia de lo mexicano en relación a los Estados Unidos o a Europa, no son precisamente temas banales ni desposeídos de la más candente actualidad aunque estén presentados en boca de aquel gran paranoico que fue Santa Anna y en tono de farsa. Visto en el marco de la celebración de tantos aniversarios patrios resulta altamente interesante, porque un país capaz de mirar con humor a su pasado es un país capaz de encontrar las armas para construir su futuro, aun conviviendo con las contradicciones del presente.

Angelina Peláez y Emilio Echeverría en Manga de clavo, de Juan Tovar y Beatriz Novaro, dirección José Caballero, teatro Casa de la Paz (Cozumel 33, Col. Roma, tel. 286-5315), miércoles a sábados 20:30; domingos 19:00 horas. (Fotografía de Luis Fernando Moguel).