FICHA TÉCNICA



Título obra El escándalo

Notas de autoría Pedro A. de Alarcón / autor de la novela homónima; Paulino Masip / adaptación teatral

Grupos y compañías Compañía de Armando Calvo

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas Carta de Paulino Masip, a petición del autor, donde escribe sobre su primera adaptación de novela a teatro

Referencia Armando de Maria y Campos, “Paulino Masip habla de por qué y cómo adaptó para Armando Calvo la novela El escándalo de Pedro Antonio de Alarcón”, en Novedades, 8 diciembre 1947.




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Columna El Teatro

Paulino Masip habla de por qué y cómo adaptó para Armando Calvo la novela El escándalo de Pedro Antonio de Alarcón

Armando de Maria y Campos

El ilustre escritor español don Paulino Masip ha tenido la bondad de escribir para esta sección, a petición mía, una autocrítica sobre la adaptación que ha hecho de la novela El escándalo de Pedro A. de Alarcón, que anoche se estrenó –puedo asegurar que con gran éxito a juzgar por la forma "redonda", en que salió su último ensayo, comprendido todo, es decir vestuario, decorado, "atrezzo", luces y su poquito de público exigente y selecto–, en el teatro Ideal, por la compañía de Armando Calvo, para quien fue hecha, como verá el lector que lea las interesantes cuartillas de Masip:

"Un día del último verano, Armando Calvo planeaba, en mi casa, el repertorio de obras para un proyecto de gira por los estados. Se habían sopesado y discutido algunos títulos de comedias y dramas, cuando mi hija menor, Carmen, intervino y sugirió:

–Mira, Armando, si quieres asegurar el éxito de la gira, lleva una adaptación teatral de El escándalo.

Se repetía la anécdota del huevo de Colón. Armando pegó un salto. A mí me pareció también una idea magnífica. Armando me propuso inmediatamente que se la escribiera. Yo le dije que sí; pero con escasa fe, porque no tenía ninguna en que se realizara su proyecto de gira, como así ocurrió.

Pero un par de meses más tarde, a punto de iniciar su temporada en el Ideal, Calvo volvió a hablarme del asunto, y entonces sí me puse a trabajar.

De esta manera nació la idea de la adaptación de El escándalo, que se estrena esta noche; y bueno es que llegue a las tablas dando, previamente, al César lo que es suyo, por si hay alguien que quiera dar a moro muerto gran lanzada.

Y ahora, puesto que mi buen amigo Armando de Maria y Campos así lo quiere, hablemos de mi trabajo.

He escrito y estrenado algunas comedias originales; pero esta es la primera adaptación teatral de una novela, que he hecho en mi vida. Muchas personas me han encarecido las enormes dificultades que debí de encontrar para encerrar en el breve marco de un escenario el tumultuoso tráfago de la novela de Alarcón. Si declaro que encontré muy pocas, no sé si se entenderá que peco por vanidad o por modestia, falsa modestia, claro está. Sin embargo, así es, y la mejor prueba que tengo a mano es que la escribí en once días, y si añado que habitualmente soy escritor premioso, se remacha que los escollos que la adaptación de El escándalo me ofreció eran fáciles de salvar.

No había hecho nunca, como digo, ninguna adaptación teatral; pero en cambio he hecho en estos últimos años bastantes adaptaciones cinematográficas, de novelas y comedias. ¿Hasta qué punto me ha servido o me ha perjudicado la experiencia, el oficio adquirido en el cine? Hubo de todo; pero creo que el balance fue favorable. La deformación profesional del cine me perjudicó al principio. Sin querer, tendía a visualizarlo todo. Había olvidado uno de los recursos más prodigiosos del teatro: resolver con diálogo las lagunas inevitables de la acción, que producen, por ejemplo, los entreactos. Cuando dentro de mí caí en la cuenta de mi error de perspectiva, todo marchó como una seda.

En cambio creo que desde el primer momento mi experiencia de adaptador cinematográfico me favoreció muchísimo para la presentación adecuada de los personajes, el planteamiento de las situaciones y la ligazón de unas y otras, para que todos ganaran en intensidad dramática para que interviniera el sentido de la continuidad, que en el cine se considera primordial y en el teatro se desdeña.

Pero por encima de todo esto, estimo que las facilidades que encontré para llevar El escándalo a la escena residen en la propia obra de Alarcón, y que una mirada un poco habituada a estos menesteres descubre en seguida. Quiero decir que, en el fondo, las principales situaciones de la novela están resueltas de una manera teatral. De ahí que hayan podido pasar a las tablas casi íntegras, con levísimas transposiciones de tiempo y lugar, hasta el extremo de que encontré varios finales de cuadro terminados en punta, con sus latiguillos correspondientes, que no los hubiera aderezado con mayor habilidad uno de esos autores teatrales a quienes se califica de `excelentes carpinteros de comedias'.

Ni qué decir tiene que he respetado, hasta el máximo, personajes, acción y diálogo. Los personajes se conservan tales como los creó el autor; la acción ha sufrido algunas, muy pocas, alteraciones, y todas externas; y el diálogo, salvo en algunas escenas que son de mi cosecha, aunque siempre inspiradas por el mayor respeto hacia la obra, pertenece en esencia a don Pedro Antonio de Alarcón. Lo único que yo he hecho es manipularlo convenientemente para las necesidades de la escena.

Para terminar, diré que no ignoro la triste suerte que me espera. Si la obra triunfa, mi labor no tendrá ningún mérito, porque todo el mundo dirá que con el título y la presencia de Armando Calvo, creador del Fabián Conde en una película inolvidable, en la escena, no podía fallar; pero si fracasa, cargaré íntegramente con el fracaso. Ya sé que a esta figura se le llama ponerse la venda antes de la herida, pero ¿qué quieren ustedes? La carne es flaca, y en vísperas de estreno, aunque sea por carambola, flaquísima. Hasta la noche, y Dios con todos.– Paulo Masip".