FICHA TÉCNICA



Título obra Los reyes del mundo

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Fernando Wagner

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Los reyes del mundo de Luis G. Basurto, dirige Fernando Wagner]”, en Siempre!, 2 septiembre 1959.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de septiembre de 1959

Columna Teatro

Los reyes del mundo de Luis G. Basurto, dirige Fernando Wagner

Rafael Solana

Un estreno de Basurto es actualmente el mayor acontecimiento que puede imaginarse dentro del teatro mexicano (mientras no venga una nueva obra de Usigli, cosa que ya está tardando en suceder), y al de Los reyes del mundo, en el Fábregas, acudió el "todo México" de los estrenos, críticos, autores, diplomáticos, intelectuales, más una escogida representación del sector "público", que compró boletos, hasta agotar los de tan vasta sala, que presentaba un magnífico aspecto, llena a toda su capacidad, salvo unas cuantas lunetas de las mejores, probablemente enviadas a funcionarios que tenían esa misma noche algún otro compromiso.

A Basurto le han criticado, algunos colegas, el sacrificar ante el becerro de oro, el buscar ante todas las cosas el triunfo, el aplauso y la taquilla; es decir, el seguir la moral más moderna, que es la del éxito; querer obtenerlo a cualquier costa, dicen, es el más grave de sus defectos; a los ojos de quienes así lo consideran; que no falta quien piense que tener éxito... es una virtud.

Con un palmo de narices dejó esta vez el más famoso de nuestros dramaturgos a quienes de tal pecado le acusan; en este caso, evidentemente no es el éxito lo que Basurto busca... ni lo que va a encontrar, con su nueva obra. Un hombre que, como él, conoce en el teatro toda clase de trucos, como si los hubiera inventado, y que sabe a la perfección, y ya muchas veces lo demostró, combinar toda suerte de elementos (aun arteramente, en más de una ocasión) para arrancar al público sus aplausos y sus pesos, en esta ocasión ha renunciado al uso de muchos de esos ingredientes, exponiéndose a gustar menos que en otras noches de estreno; debemos confesar que entre las ovaciones clamorosas de la de Cada quien su vida y las palmadas frías, corteses, de invitado, Los reyes del mundo media todo un abismo.

Tenemos la impresión de que, le ha gustado a la gente (por lo menos a la del día de estreno) esta nueva obra de Basurto; la ha desconcertado; la ha dejado perpleja; los más honrados piensan que deben volver a verla, más despacio, para formarse un juicio más exacto acerca de ella; los más apresurados ya la condenaron, se abstuvieron de aplaudirla.

A nosotros nos parece la más honrada, la más íntima, y desde ese punto de vista la más valiosa de las obras de Luis. Es la que más nos da a conocer cómo es él, cómo piensa, en cuáles dudas se debate; en otras ya fue el habilísimo constructor de piezas, que juega en el momento oportuno sus resortes, y que sabe dar a cada personaje ocasión de lucimiento; en ésta... no renuncia al uso de su experiencia, y también da "a cada quien su escena", y también arma interesantes trucos, de gran magia teatral, para interesar al auditorio, para tenerlo pendiente de la escena; la de entrada de violencia es una cátedra de truculencia; pero... por el fondo, debajo de todo esto, no hay un simple caso anecdótico recogido de la vida, o inventado, sino... por primera vez en Basurto, tal vez (aunque algo de eso hay en Miércoles de ceniza y un poco en algunas escenas aisladas de cada quien), el desnudamiento del autor, que se retrata a sí mismo, poniendo en boca del más mimado de sus personajes, aquél en el que se recreó, el poeta, sus propias aflicciones, su propia aventura filosófica, espiritual, mental, del hombre que se debate en medios oscuros, y aun infectos, rodeado de desechos, y que desde allí busca una luz, y pregunta dónde está Dios, si existe. La posición del autor nos parece digna, en este caso, no solamente de respeto, sino de admiración.

La respuesta, que da un mudo, podrá ser discutida, y ya la discutirán quienes de esos saben; el autor encuentra a Dios en las llagas de un leproso, en la miseria y la sordidez de un mesón nauseabundo, entre mendigos, prostitutas y borrachos... pero no dulcificados, angélicos (aunque haya personajes así en este retablo, pero esos suenan a pastorela y no son los mejores), sino auténticos, entregados a sus pecados y a sus lacras, y hasta diríamos regodeados en ellos. ¿Está allí Dios, efectivamente? La tesis parece por completo ortodoxa; dirá un católico: claro que está ahí... como en todas partes; pero Basurto parece decirnos que SOLAMENTE ALLI está... y eso ya va demasiado lejos, tal vez ¿O no se desprende esa moraleja de la obra? Tal vez no... por eso vale la pena de escucharla más detenidamente, otra vez, y otra.

Es una obra honrada, valiente, angustiada, merecedora de atención y de respeto; y en la que, insistimos, no es ya el éxito lo que busca Basurto, sino algo de mayor importancia y de mayor trascendencia. Si lo que busca lo va a encontrar, no lo sabemos; pero buscarlo es ya algo que merece estima. Y no se la regatearemos.

Como espectáculo teatral... probablemente disgustó a muchos; pero es indudable que interesó a todos; cansancio, eso no lo produce, ni aburrimiento; se está pendiente de lo que ocurre, aunque esa atención sea conseguida con trucos de los que algunos críticos llaman "golpes bajos" (un muerto que resucita, la promesa reiterada de una sorpresa que al fin se nos escamotea, la aparición de personajes incomprensibles, con su significado trascendente que solamente el autor y sus más cercanos colaboradores conocen; por ejemplo; el Tiempo, que es una anciana que surge en el último segundo y no abre la boca); pero como la postura en escena, la producción y las interpretaciones nos parecen tan importantes que no cabrían ya aquí, dejamos todo eso para la entrega de la semana próxima, en que seguiremos hablando a ustedes de Los reyes del mundo.