FICHA TÉCNICA



Eventos III Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo

Referencia Rodolfo Obregón, “III Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo (II y último)”, en Proceso, 10 septiembre 2000, pp. 80-81.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

imagen facsimilar 2

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

III Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo (II y último)

Rodolfo Obregón

No es poca cosa –insisto–, reunir en Querétaro a grandes especialistas provenientes de muy diversas latitudes y tradiciones espectaculares, con las aguerridas huestes del teatro nacional.

Entre el 14 y el 26 de agosto, la efervescencia creativa y el rigor pedagógico sentaron sus reales en la hermosa puerta de tierra adentro gracias a la hospitalidad del Colegio Nacional de Danza.

A la polémica presentación defeña de Once (espectáculo del grupo Derevo que ha triunfado, entre otros, en los festivales de Edimburgo-off, Tempere y Hong Kong), siguieron las representaciones del muy aplaudido Ícaro, del Teatro Sunil, y el unipersonal Reflection, también de Derevo Laboratorium.

Nada novedoso, es cierto, en su incorporación de los códigos gestuales de la danza butoh, el espectáculo del grupo ruso afincado en Alemania es, no obstante, una gran demostración del manejo escénico de la energía.

Sostenido durante 50 minutos por la extraordinaria ductilidad corporal de Tanya Khabarova y una pista sonora admirable, Reflection es un viaje a los orígenes y una exploración del movimiento asociado a los instintos primitivos.

La mezcla de descargas emotivas de claro tinte expresionista, características del butoh, y los espacios de introspección (como el gran vacío con que concluye el espectáculo y otorga un tiempo de reflexión para el espectador), fueron la materia con que los pedagogos de Derevo bombardearon a los asistentes a su taller. Al cabo de unos días, el grupo era ya una combinación de lisiados de guerra y aspirantes a monjes budistas.

Por su parte, el casi nacionalizado Daniele Finzi desató el entusiasmo de un contingente empeñado en descubrir “el principio de la incoherencia”. A partir de la intrínseca inhabilidad del clown, Daniele ha construido, como pudo comprobarse en su charla-demostración, un mundo de seres cuya fragilidad anímica denuncia la violencia de la vida contemporánea.

Vía natural de conocimiento, la experiencia corporal permite al actor transitar desde las crueles posturas satíricas, características de todos los teatros populares, hasta la conciencia del ser en su relación con el universo. En la larga velada de trabajo hasta el amanecer, propuesta por Finzi, los aprendices de clown habrán comprobado en carne propia las palabras de Yoshi Oida: “el hombre fue hecho para ligar la tierra con el cielo”.

Un tercer batallón actoral, bajo la égida de Pierrette Venne (directora de la Escuela Nacional de Circo, con sede en Quebec), se ha acercado a los míticos territorios de la commedia dell’arte. En contacto con las máscaras italianas, habrán recordado la vitalidad y sofisticación de las teatralidades “primitivas”.

El amplio desarrollo del lenguaje corporal, del que hablamos en la anterior entrega, retroalimenta en nuestros días a las expresiones –como ésta– de origen popular, donde “lo burlesco es siempre la ideología dominante” y donde el cuerpo nunca dejó de ser el instrumento expresivo por excelencia.

Igualmente significativo habría de resultar el trabajo de los actores inscritos al taller de rutinas propias de La ópera de Beijing, el espectáculo por antonomasia. La multiplicidad de códigos dominados por el intérprete chino ha ejercido su fascinación sobre todos los renovadores del arte escénico del siglo XX; desde Meyerhold, hasta el poderoso impacto que causaran en Brecht las actuaciones de Me Lan Fang.

Alumno de este último, Muku Gao condujo el taller y, a sus cerca de sesenta años, realizó una demostración pública que debe inscribirse en los anales de la vida cultural de Querétaro. Ver a unos cuantos centímetros a un maestro de la ópera china, como Muku Gao, es un privilegio que tendremos que agradecer infinitamente a la tozudez de Alicia Laguna.