FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre la crisis del teatro en la Ciudad de México

Referencia Armando de Maria y Campos, “Revistas, re-vistas en los teatros Arbeu, Colonial y Lírico”, en Novedades, 15 enero 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Revistas, re-vistas en los teatros Arbeu, Colonial y Lírico

Armando de Maria y Campos

Es tema de actualidad desde hace muchos años el de la crisis del teatro en México. Temporadas breves van, compañías vienen, se suceden semanariamente los debuts, las presentaciones y los espectáculos más o menos novedosos, y el resultado es que las plumas que a diario glosan la vida de la escena y aun aquellas que fieles a su condición periodística toman en sus puntos, cuándo un tema, cuándo otro, según lo exige la actualidad siempre renovada, todas coinciden en comentar la crisis del teatro en México. ¡Y cómo se ceban con el tema las de los periodistas que comentaban, en su tiempo, la vida de la escena en España! Y la verdad es que todos tienen razón, y todos, periodistas, autores, cómicos, músicos, mutuamente se recriminan y culpan en círculo vicioso. ¿Recuerda el lector a Cervantes? –Dábale el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él...

Se sigue ascendiendo la cuesta de enero. La segunda semana del primer mes del año qué poca oportunidad de comentario ofrece al comentador de sucesos teatrales. Concluyó la previamente anunciada como corta temporada de comedia de María Tereza Montoya en el Bellas Artes. No faltó el comentario malévolo: "Otra vez apeló María Tereza Montoya a obras procaces, así las hayan escrito los más famosos autores, para salvar su temporada", dice un cronista, y agrega: "¡Sólo que ahora, ni por esas!"... La farándula del Ideal ha compuesto su repertorio con comedias "blancas" o de risa. Y ni por esas, tampoco. Están a medio "chivo", que dicen en caló teatral, cuando se cobra medio sueldo... No se trata, pues, de un problema de moralidad. ¿Por qué no va el público al teatro?... Por otras razones que nada tienen que ver con la moral. En el Fábregas continúa representándose una traviesa comedia de Casona: Las tres perfectas casadas, que abunda en los dos géneros, aquél calificado de inmoral porque exhibe conflictos sexuales que acaba de representar la Montoya, y éste de risa y cómoda digestión que a pesar de cultivarlo con la sala vacía quién sabe hasta cuándo continuarán representándola las hermanas Blanch y compañeros. Y el público tampoco acude en cantidad y en calidad –ésta también debe contar– suficiente para colmar la satisfacción del empresario. ¿Estará el secreto en interesar al público dándole comedias fáciles, breves y, si es posible, gratis?

Esta sería la solución ideal, pero quien lea en algunos periódicos las informaciones que publican a propósito de un espectáculo al aire libre, en la Alameda Central, desarrollado por el grupo de aficionados llmado TEA, la lista de obras que representan o van a representar: El tecolote, de Vanegas Arroyo, El barón avariento, de Pushkin; Jinetes hacia el mar, de Synge; La señora Pepper Número I, de Tees; El primer destilador, de Tolstoi; La zapatera prodigiosa, de García Lorca supondrán que, al fin, se ha dado en la cabeza del clavo. No es así, desgraciadamente. Tan ambicioso intento –en el que seguramente el gobernador del Distrito, que tanto bueno quiere hacer por el teatro, y nada bueno hace porque no sabe lo que de teatro trae entre manos–, no pasa de eso, de intento, al garete, como barquichuelo sin gobierno. Ya dijo la sentencia bíblica: "Si un ciego guía a otro ciego, entrambos caen en el hoyo...".

La revista señorea en dos teatros de primera categoría y en uno del segundo escalafón. La que actúa en el Arbeu, bajo la dirección del director argentino "Ché" Ratti aspira a dirigirse al público selecto de la ciudad; las del Lírico y el Colonial, tienen aspiraciones más modestas, se limitan a satisfacer a un público nada exigente, que se conforma con alguna cara nueva cada ocho días; que no espera nada del libretista, acostumbrado ya –mala costumbre que implantó Soto– a la ausencia total del libreto, a la presencia de todos los compositores de moda de los que cantan y bailan sus músicas, que el espectador identifica porque se las sabe de memoria mucho antes de entrar al teatro. En las breves intervenciones que tienen los libretistas, casi siempre se limitan a satisfacer el gusto del espectador que desea escuchar ataques al régimen, como ocurre en el Lírico con la revista El despertar de León, que hace más mella en el público que el que se supone pueden causar los dramas tachados de inmorales de O'Neill o de Cocteau. Todo se justifica cuando aparece una cara bonita. La semana pasada se presentó en el Colonial una linda muchacha –baila poco y canta menos– centroamericana ella, Hilda Santillana. En el Lírico apareció el último sábado otra bella chiquilla nacida en Puerto Rico, Mariquita Rivera, primor y hechizo en lo corporal, que canta y baila con tropical y personal desembarazo.

Como todo lo que se refiere al teatro en México ha de consignarse en este comentario semanal, el cronista informa a sus lectores que el número de las osas ciclistas que actúa en el Follies bajo la dirección del domador Pallemberg, y que es del mayor agrado de aquel público, está a punto de desaparecer del programa, porque una de las osas se encuentra en estado grávido. ¡Vaya conflicto para el empresario, para el domador, y hasta para el resto de las osas ciclistas!

Así está el teatro en México.