FICHA TÉCNICA



Título obra Las mujeres sabias

Autoría Jean Baptiste Poquelin Moliere

Dirección Héctor Gómez

Elenco Luis Gimeno, Mercedes Pascual, Virginia Gutíerrez, Ángel Casarín, Renato de la Rivera, Marco Zetina

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las mujeres sabias de Moliére”, en El Día, 17 noviembre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las mujeres sabias de Moliére

Malkah Rabell

Una de las últimas obras de Moliere, escrita un año antes de su muerte, en 1672: Les Femmes Savantes, no tiene la categoría de sus comedias de carácter, como Tartufo, El misántropo o El avaro. No obstante, es una comedia que tiene su importancia como sátira de costumbres, y tal vez, también, por cierto tono autobiográfico que se trasluce en la presencia de esas dos hermanas que luchan por la posesión del mismo hombre, quien a su vez, primero enamorado de la "sabia" y pedante Armande, termina por entregar corazón a la otra, la dulce Henriette, apología de las virtudes domésticas de la mujer del hogar. Dos hermanas que nos recuerdan a las que tanta importancia tuvieron en la vida sentimental y conyugal del poeta: Madeleine y Armande... Y hasta bautiza con este último nombre —que fue el de su esposa— a una de las protagonistas de la comedia. Y si en el Arnulfo de La escuela de las mujeres y en el Alcestes de El misántropo, puso mucho de sí mismo, de su amargura y misantropía, en estas Mujeres sabias a quien invistió de características personales es a Chrysale, el marido débil, indeciso y bonachón, vanamente decidido a recuperar sus derechos de amo y señor en su casa frente a una esposa tiránicamente "sabia", y que nunca logra hacer realidad este sueño de liberación "masculina". Y aunque numerosos críticos lo han considerado estúpido, Chrysale es más cándido que necio.

No solamente en la actualidad semejante obra se presta a discusiones, sino hasta en su propia época la comedia despertó muchas controversias. La comedia no alcanzó buen éxito en vida del autor.La corte resistió, a interesarse en tantas discusiones de eruditas y visionarias. No quiso reconocer en aquellas pedantes disecadas los retratos de las damas insignes que tocaban en sus salones la ciencia con la punta de los dedos. Tampoco hoy la obra se presenta con mucha frecuencia y la elección de las compañías se inclina más bien hacia una farsa parecida: Las preciosas ridículas. Pero hoy, con todos los movimientos de "liberación femenina" se hace difícil tomar en serio la posición misógina de Moliére, quien, por lo demás, nunca se pretendió liberar en este campo.

En cuanto a la puesta en escena de Las mujeres sabias que estrenó la Compañía Nacional en el teatro Jiménez Rueda, bajo la dirección de Héctor Gómez, excelente actor, pero aún no muy hábil en materia directiva, tampoco el montaje dio lugar a hallazgos originales o interpretaciones temáticas novedosas. No obstante, el joven director, aunque no fue más allá de una puesta en escena tradicional que permaneció fiel al texto y a las ideas del poeta, supo en cambio darle al espectáculo un ritmo, una belleza, una plasticidad y una actuación que le impuso la categoría de uno de los mejores espectáculos molieresco que he visto en México. Si como adaptación a ideas modernas me gustó más La Escuela de las mujeres montada en la UNAM por Germán Castillo, y si como versión plástica en forma de ballet me convenció mayormente la de Miguel Sabido realizada con El avaro, en cambio como representación de Moliére, fiel a la tradición molieresca, prefiero la de Héctor Gómez.

Dos actores se hicieron merecedores de una especial admiración en sus respectivos papeles: Luis Gimeno, como el marido, Chrysale, carente de carácter y de decisión; y Mercedes Pascual como su insensata hermana, Belisa. En el primer caso, nada nos sorprendió, ya que Luis Gimeno es bien conocido como actor de carácter. En el caso de Mercedes Pascual, la sorpresa fue general. Ya que esta multipremiada actriz se ha impuesto a lo largo de su carrera como intérprete de personajes serios, en tanto en el papel de carácter de Belisa hizo gala de tal vis cómica que sus salidas eran premiadas con entusiastas aplausos.

Redondeaba el espectáculo la hermosa escenografía y el no menos bello vestuario, ambos debidos a José Méndez, y ambos de una gran fidelidad a la época del Rey Sol, tan barroca en sus modas, aunque llevaba el nombre de clásica en su actividad intelectual.