FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Qué formidable burdel!

Autoría Eugene Ionesco

Dirección Julio Castillo

Elenco Yolanda Mérida, Mercedes Pascual, Carlos Ancira, Farnesio de Bernal, Blanca Torres

Grupos y compañías Compañia Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ¡Qué formidable burdel!”, en El Día, 11 diciembre 1978, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

¡Que formidable burdel!

Malkah Rabell

Hay escritores-pensadores que emiten sus ideas novedosas en un idioma claro, sencillo, directo, comprensivo para todo el mundo. El mejor ejemplo de semejante actitud son Sartre y Camus. Los hay, más escritores que pensadores, cuyas "verdades eternas y subyacentes" son bastante claras y comprensibles, pero subyacen bajo tanta complicada vestimenta, bajo tal cantidad de acertijos, que se hace difícil de encontrar el corazón de la cebolla. En esta categoría puede colocarse casi todo el teatro "Del Absurdo", En la obra de Ionesco presentada por la Compañía Nacional: ¡Qué formidable burdel!, dramatización que el autor francorrumano realizó de su propia y única novela: El solitario publicada en 1973, por primera vez el escritor hace gala de una sencillez clásica no sólo en sus pensamientos, sino en su lenguaje. ¡Nada de acertijos! Ionesco que ha declarado en sus Notas y contranotas ser partidario del clasicismo, y según él, aunque lo han bautizado padre del "Anti-Teatro" el suyo es teatro, y teatro trágico, ya que busca verdades eternas, tales como: vejez, muerte, fealdad. soledad o tristeza. Tragedias a las cuales quisiera desnudar de toda acción teatral, de todo lo que tiene de particular su intriga, los rasgos peculiares de sur personajes, sus nombres, su clasificación social; su marco histórico, las razones aparentes del conflicto, todas sus justificaciones, todas sus explicaciones: En el teatro de hoy se quiere motivar todo, y en el teatro de hoy se quiere hacerlo cada vez más. De esta manera se lo rebaja".

Según esta teoría, Ionesco a su protagonista de ¡Qué formidable burdel! hasta le quita su patronímico, simplemente es "El Personaje" en cuya vida no hay intriga dramática, ni rasgos accidentales. Pero aunque se ignora de dónde viene y a dónde va, en cambio se justifican perfectamente sus raíces y su marco sociales. Es un producto de la burguesía, con más precisión de la pequeña burguesía francesa, que ha recibido una reducida herencia que le permite abandonar su monótono empleo. La novela El Solitario hasta ofrece el detalle de la edad del "héroe": treinta y cinco años. Pues, su herencia lo salva del trabajo, pero NO del aburrimiento ni de la soledad, del alcohol, de las revoluciones y de la fuga del tiempo. El autor reemplaza la intriga y la acción dramáticas por una biografía anímica e intelectual del "Personaje", por el enfrentamiento del hombre a sí-mismo y a la miseria de su condición humana. Ese "Personaje" es un nihilista, que ya no cree, en nada y constata que los hombres en su derredor viven en una constante contradicción consigo mismos, ninguna de sus ideas, ninguno de sus motivos de lucha o de deseo tienen una realidad permanente, todo es retorcido y absurdo; el hombre vive en un persistente miedo de los demás y de sí mismo, teme siempre perder la vida y no obstante hace todo lo posible para perderla y hacérsela perder a los demás: ama la vida y a la vez la hace insufrible para él y el resto de la humanidad. Al final de la obra el "Personaje" llega a la conclusión que la vida entera es una broma cruel del Creador en un mundo que en definitiva no es más que un formidable burdel.

En su carrera de joven director vanguardista Julio Castillo se ha enfrentado más de una vez al teatro "del Absurdo" –con todo su lenguaje complicado v de acertijos. En el presente caso logró adaptarse con mucho instinto a esa nueva sencillez de Ionesco. Quizá hubiese sido hábil de su parte cortar ciertos momentos repetitivas, ciertas escenas que llegan a ser como duplicaciones. Julio Castillo que siempre demostró una desatada imaginación para los más originales hallazgos, parecía esforzarse en ponerle un bozal a su fantasía como para no molestar el libre fluir de las ideas del autor. El numeroso conjunto de primeras figuras de la "Compañía Nacional" que en su mayoría realizaban papeles episódicos, lo ayudó mucho en esta difícil tarea. Carlos Ancira, como el "Personaje" fue sobre todo muy acertado en las escenas mudas, cuando el "Solitario" se expresa por medio de mímica. Entre las figuras restantes sobre todo se destacaron Yolanda Mérida, en una breve intervención de la propietaria, dándole el tono de una anciana con gran naturalidad. Mercedes pascual nos está demostrando en sus últimas intervenciones que posee una vena cómica apenas explotada; junto con Farnesio de Bernal en su corta escena de dos vecinos, eran graciosísimos. En un papel algo más importante, el de la portera con la cual el "Personaje" está relacionado hasta el final de la obra y de su vida, Blanca Torres resultaba excelente.

Un elemento que no deja de ser importante en esta puesta en escena –como por lo demás en todos los montajes de Julio Castillo– es la escenografía y el vestuario debidos a una joven artista que firma Jesusa. Una realización muy hermosa, que hasta se nos antoja excesivamente hermosa y refinada para las necesidades de la obra, del texto. Semejante blancura qon adornos rojos y grises, tanto en el decorado como en el vestuario formado por overoles, con cierres relámpagos en puertas y ventanas, no es precisamente el reflejo de un mundo gris, de una vida gris debida a un hombre totalmente pequeño y gris.