FICHA TÉCNICA



Título obra La casa de los corazones rotos

Autoría Georges Bernard Shaw

Dirección Xavier Rojas

Elenco Jorge del Campo, Luis Gimeno, Augusto Benedico, Virginia Gutiérrez, Adriana Roel, Ricardo Blume

Escenografía Antonio López Mancera

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La casa de los corazones rotos”, en El Día, 11 agosto 1977, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La casa de los corazones rotos

Malkah Rabell

El tercer estreno de la renovada Compañía Nacional llevó a escena una muy poco conocida comedia de Bernard Shaw, que la empresa tituló La casa de los corazones rotos. Más, ignoro si éste es el título original. El dramaturgo irlandés tiene en su haber varias obras con la palabra "Casa" en su denominación, como La casa de los viudos y La casa de la angustia.

Difícil se hace, a estas alturas del siglo XX, analizar a Bernard Shaw y explicar las razones de sus éxitos, que en el extranjero surgieron antes que en su propio país. A Shaw le han llegado a considerar como el Moliére de nuestro tiempo, y como éste introducía en sus creaciones el espíritu crítico de la sociedad en que vivía, que en el autor de La profesión de madame Warren iba hasta el tono de propaganda de sus convicciones políticas, religiosas, morales y artísticas. Su talento literario sabía darle interés a los temas más áridos, y su estilo cautivaba hasta a los lectores menos aficionados a la filosofía. Las ediciones de esa obra dramática iban acompañadas de largos prólogos y epílogos a manera de ensayos, que a menudo resultaban más interesantes que la pieza misma En cuanto a sus obras escénicas, se ha dicho que "las cualidades de Shaw campean allí donde se ve forzado a ceñirse dentro de ciertos límites. Cuando las circunstancias no lo fuerzan a dominarse, se explaya... hasta que todo el mundo se fastidia, excepto el autor" (George Sampson),

En La casa de los corazones rotos, parece que nada lo obligó a dominarse y se explayó hasta... 3 horas, sobre un tema que no sabemos muy bien en qué consistía. Me parece que el dramaturgo quiso encarnar a una determinada clase social de La isla de John Bull (otra de las comedias de Shaw), una clase acomodada y de alcurnia, desordenada en su propia vida, y que lleva sus desordenadas fantasías a la vida del prójimo, Una clase que lo critica todo, pero es incapaz de cambiar nada en el ámbito social. También nos encontramos con la acerbada censura de los hombres de negocios, a quienes considera ladrones, así como con la censura de los negocios en sí. Volvemos a encontrarnos con su habitual tesis de que el seductor no es el hombre sino la mujer y otra multitud de tesis y críticas. La mezcolanza de tantos temas diversos hace que la obra se vuelva caótica y confusa, con diálogos, en parte muy brillantes e inteligentes, pero que en otras partes se prolongan y caen en esa pasión shawiana por la verbórea y lo grotesco.

Manejar semejante material no es nada fácil para el director. Por fortuna, Xavier Rojas pareció volver a sus mejores tiempos Tanto los momentos muy brillantes como los más apagados, fueron hábilmente aprovechados para darnos un espectáculo digno del mejor teatro en cualquier parte del mundo con vieja tradición teatral. Para lograr ese espectáculo, Xavier Rojas pudo contar con un reparto de los mejores actores de México, entre quienes se hace difícil señalar a los más destacados, porque hasta para un papel episódico insignificante, que sólo aparece en el prólogo, se pudo contar con un actor de la calidad de Jorge del Campo. Y en otro papel episódico, el del ladrón, vimos a Luis gimeno, a quien tenemos pocas oportunidades de encontrar en los escenarios, y quien creó un tipo gracioso, aunque se trataba de un papel poco necesario a la construcción y a la unidad de la obra, Por primera vez veo a Augusto Benedico en un papel de carácter. Y el actor creador de tantos personajes trágicos, nos de. mostró en el papel del anciano capitán Shotover, que casi puede ser cómico. Como sus dos hijas, Virginia Gutiérrez y Adriana Roel fueron bellas, elegantes con este vestuario de principio del siglo, y sobre todo deliciosamente fantasiosas, tanto la primera en el papel de la bohemia Mrs. Hushabuy, como la otra, en la hermana conservadora, esposa de un gobernador, Lady Utterword, Ricardo Blume, en el papel del galán ridículo, y Miguel Córcega, como el hombre débil, inocente e inconsciente víctima de todo el mundo fueron ambos excelentes. En cuanto a Carlos Ancira, hizo un hombre de negocios muy gogoliano, pero tal vez al crear este personaje del "Patrón Mangan", a George Bernard Shaw lo dominaron unas fantasías rusas, y enriqueció a su personaje con un sentimentalismo muy poco inglés.

Con su reparto brillante, con su vestuario lujoso y su hermosa escenografía debida a Antonio López Mancera, seguramente sería imposible asistir a semejante espectáculo debido a una empresa particular Pero tengo una verdadera impaciencia por presenciar en estas mismas condiciones a una representación de una obra mexicana contemporánea, en la compañía que se llama "Nacional".