FICHA TÉCNICA



Título obra Piedra del escándalo

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Lorenzo de Rodas

Elenco Julio Monterde, Enrique Pantan, Luis Couturier, Gerardo del Castillo, Eduardo Liñan, Luis G. Basurto

Escenografía Félida Medina

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Piedra del escándalo”, en El Día,5 agosto 1977, p. 28.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Piedra de escándalo

Malkah Rabell

A todo lo largo de su carrera Luis G. Basurto ha demostrado ser un católico militante que trataba de transmitir a través de su dramaturgia sus ideas y convicciones. Mas, su militancia iba mucho más lejos que un catolicismo cerrado y tradicional. Era de un liberalismo que se apoyaba en el Evangelio y en Cristo, y no en los dogmas. Su línea de autor moralista trataba de abrir brechas en la sensibilidad del público, despertar en éste la piedad y comprensión hacia todos los marginados: "Que lance la primera piedra quien se siente libre de toda culpa", parecía ser su lema.Ya en su drama donde buscaba formas vanguardistas: El asesinato de una conciencia, fue más lejos y se mostró solidario de las guerrillas latinoamericanas. En Piedra de escándalo, da un paso más en el ahondamiento de su propia conciencia, y la obra da la impresión de una discusión que Basurto en persona mantuviera con todas sus dudas. Y para lograr darle forma escénica a este largo diálogo con su propio yo, a cada una de sus dudas le da forma de un personaje: un industrial, un juez, el intelectual, el líder obrero, el taxista, y Basurto mismo en el papel del Obispo Rebelde, "piedra de escándalo" para su grey y la Iglesia, a quien los conservadores y reaccionarios llaman "comunista". Y quien va mucho más allá del "demócrata cristiano" para volverse abiertamente "cristiano socialista".

Para analizar con seriedad las ideas del autor, sería necesario tener a mano el texto de esta obra muy discursiva. A falta del texto, sólo puedo recordar fragmentariamente los largos parlamentos de esos seis personajes, cuya reunión recuerda un poco la estructura de Aquel tiempo de campeones. También aquí los cinco amigos que se reúnen en casa del Obispo, son los antiguos alumnos de éste– Pero cada uno de los protagonistas, se transforma en un símbolo de una clase social o de una corriente quienes al "desnudarse" moralmente permiten al dramaturgo hacer la crítica de diversas facetas de la vida mexicana, la crítica de la manera de ser tanto de la clase industrial. como de la justicia, de los intelectuales, de los líderes sindicales y del pueblo representado por el taxista. Lo que no es muy justo. Los taxistas no son el proletariado, sino una clase bastante marginada. Pero el autor siempre ha demostrado una especial simpatía para los marginados. En este caso, el padre muy a menudo habla en nombre de su hijo, el estudiante universitario.

Las dudas siempre me han merecido gran respeto. No recuerdo quien dijo: "donde termina la duda empieza la imbecilidad". Y este Obispo desgarrado por tantas inseguridades, que tiende sus mejillas a las bofetadas de sus antiguos discípulos (o tal vez condiscípulos, no entendí muy bien) que no teme explayar sus debilidades, es indudablemente un personaje muy digno y muy interesante. Lo malo es que en un escenario tantas dudas terminan por transmitirse al público, y éste necesitado de un guía, pierde el norte. Pero la intención del autor es otra: trata de despertar las inquietudes intelectuales del espectador, del oyente; hacerle pensar y buscar nuevos rumbos, más justicia y humanidad.

Sin duda la dramaturgia exige acción para transmitir sus ideas. Es más fácil para el espectador comprender una actitud política, social o religiosa a través de un tema, de una "historia", que a través de discursos. Mas, sólo podemos juzgar lo que una obra tiene, y no lo que podría tener. Y por más discursiva que es esta Piedra de escándalo mantiene despierto nuestro interés, tiene ritmo, sentido del humor y el autor, conocedor de la técnica teatral, sabe hacer reír en los lugares más apropiados.

Bajo la dirección de Lorenzo de Rodas, los cinco intérpretes: Julio Monterde, Enrique Pantan, Luis Couturier, Gerardo del Castillo y Eduardo Liñan se muestran gente del "oficio", que tienen tablas y saben expresar los caracteres de sus personajes, aunque Eduardo Liñan, cuando empieza a usar la voz de su hijo, se olvida que se trata ya de un hombre y no de un niño. En cuanto a Luis G.Basurto, nunca he sido muy partidaria de sus actuaciones, pero en este caso, su físico y su manera de ser es muy apropiada al personaje del Obispo, y el simbolismo de las seis figuras se completa.