FICHA TÉCNICA



Notas Balance anual del teatro en México en 1965, primera parte

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Balance de 1965”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 26 diciembre 1965, pp. 4 y 6.




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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Balance de 1965

Mara Reyes

Generalmente cada año teatral tiene su sello propio. Así como el del año de 1964 fue el de la contradicción –pues siendo el año Shakespeare, el autor más representado fue Alfonso Paso–, el de este año parece ser de “muerte y resurrección”.

La vida política de un país se refleja siempre en su actividad artística y este pseudo axioma se hizo evidente precisamente en 1965, año de cambio de régimen; año en que se han sucedido clausuras e inauguraciones; en que se ha dado término a labores que ya habían adquirido carta de naturaleza –como la del IMSS– y se han iniciado otras, flamantes y llenas de promesas –por seis años, como toda monarquía absoluta de seis años que se respete. Así pues, hemos visto esfumarse las “carpas” que hizo funcionar Gorostiza y nacer el “Teatro Trashumante”. Hemos contemplado con pena profunda la agonía del Teatro Club, al que se le ha privado de local (el teatro Orientación que lo alojaba se está convirtiendo en Cine Club), de apoyo económico y quizá hasta de apoyo moral. (Cito aquí, como dato curioso, un fragmento del Balance de 1964 que publique en DIORAMA el pasado enero: “Si un grupo teatral merece estímulo, teatro y presupuesto, es, sin duda alguna, el Teatro Club”. ¿Fue presentimiento o antiprofecía? No lo sé). Se ha creado el Centro de Investigación Teatral y se promete la futura formación de dos centros más: el de Teatro Clásico y el de Vanguardia Teatral.

Hemos visto inaugurarse varios locales para teatro. Dos de ellos, pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes: el Teatro Comonfort –con todo lo contrario al confort– y el Teatro Jiménez Rueda, verdadero ejemplo de edificios teatrales, de magnífico gusto y bien equipado. Otro local oficial, aunque de menores dimensiones: la Casa Internacional de la Paz, propiedad del Organismo de Promoción Internacional de Cultura. Y por último, dos locales de la iniciativa privada: el 29 de Diciembre y el Teatro Manolo Fábregas.

Teatro mexicano

Cada año se reduce, de manera alarmante el número de obras (de estreno) de autores mexicanos. Si el pasado año el número fue escaso, en el presente período por poco brillan por su ausencia los dramaturgos mexicanos. Las obras estrenadas en 1965 fueron ocho a lo sumo.

De ellas, es Los hombres del cielo, de Ignacio Retes, la que se lleva la palma. Su tema, su profundidad, su lenguaje, sus situaciones dramáticas, [p. 6] su recia estructura, la colocan entre las obras mexicanas importantes.

Otra obra digna de aplauso fue El 9 de Maruxa Vilalta, de menores pretensiones y extensión que la obra de Retes, pero también sólidamente estructurada, sobria, contundente, ajena a localismos y que trata de señalar que el problema de una clase social sojuzgada reclama atención universal. Otros autores que dieron a conocer alguna –o algunas– de sus producciones fueron:

Margarita Urueta, que estrenó dos obras, El ruido y Poderoso caballero es don dinero. Ignacio Taibo: Los cazadores. Pablo Salinas: A caza del amor. Luis G. Basurto: Cadena perpetua. Federico S. Inclán: Turco para señoras y alguno más que por el momento se me escapa.

Las reposiciones de obras mexicanas fue abundante, especialmente de comedias, tales como: Debiera haber obispas, de Solana; Atentado al pudor, de Carlos Prieto: Despedida de soltera, de Anaya y otras. El teatro Fábregas, con Basurto a la cabeza, sostuvo su temporada –como en los teatros de las primeras décadas del siglo– a obra por semana, apareciendo unas veces como autor, otras como director, otras como actor, o como varias cosas simultáneamente.

Maruxa Vilalta se inició como directora de escena, reponiendo su propia obra Los desorientados. Dentro del teatro clásico nuestro, Miguel Sabido montó en el Convento de Tepotzotlán, El divino Narciso, de sor Juana Inés de la Cruz, y José Luis Ibáñez puso en escena, en la primera temporada del Teatro Jiménez Rueda, Mudarse por mejorarse, de Juan Ruiz de Alarcón.

Más que nunca se ha dejado sentir dentro del teatro comercial la plaga de los arreglistas que “adaptan a la escena mexicana” a base de morcillas y frases de clisé alusivas a programas televisados, slogans radiofónicos y chistes de moda, ciertas comedias que originalmente sólo eran intrascendentes y que después de “adaptadas” resultan repulsivas. Esta degeneración, consecuencia de la invasión del teatro frívolo sobre los teatros de comedia, es un peligro por lo que significa de contaminación para el público, que llevado por la línea de menor resistencia, respalda con su asistencia verdaderos bodrios.

Es de lamentar que –tratándose de teatro mexicano– sólo las comedias, y no siempre las mejores, consiguen ser repuestas, salvo casos excepcionales, siendo que las obras buenas –comedias, piezas o tragedias– debían de ser de repertorio y volver periódicamente a representarse, no porque así se haga en otros países, sino porque es la forma de mantener vivo un movimiento teatral nacional.

Teatro extranjero

Incluido el teatro de pasatiempo, que se guisa en todos los idiomas y con todos los sabores –policial, de alcoba y hasta de ciencia ficción–, nos encontramos con que durante este año, nuestros conjuntos dramáticos consiguieron que el teatro de otras latitudes y de distintos estilos quedara representado por sus mejores exponentes.

El clasicismo griego estuvo representado por: Las perlas de Esquilo (Casa de la Paz. Director Jebert Darién). Clasicismo francés: El burgués gentilhombre de Molière. Clasicismo ruso: El inspector de Gógol. Clasicismo español: Entremeses de Cervantes (Tepotzotlán. Director Miguel Sabido) y Diálogo entre el amor y un viejo de Rodrigo Cota. Clasicismo inglés: Troilo y Crésida de Shakespeare.

El romanticismo alemán (precursor del expresionismo) por: Leoncio y Lena de Büchner. Expresionismo (alemán): El círculo de tiza caucasiano, de Brecht; (suizo): Rómulo Magno de Dürrenmatt y La muralla china de Max Frisch. (Norteamericano) Encadenados de O'Neill. Teatro poético (español): Yerma de García Lorca. Teatro psicológico (norteamericano, francés e inglés) con Orfeo desciende y Ajuste matrimonial, ambas de Tennessee Williams; Romeo y Jeanette, de Anouilh, y El eclipse de los dioses de Osborne. Realista: El hilo rojo de Denker. Existencialista: Las moscas de Sartre (puesta en escena por un grupo regiomontano dirigido por Mariluz S. Surió). Teatro de vanguardia (francés): Víctimas del deber de Ionesco. (Inglés): Un ermitaño es descubierto de George Saunders. Teatro japonés: Rashomon de Ryunosoke Akutagawa (obra con la que Manolo Fábregas rompió con su tradición de producir en serie teatro de pasatiempo, y en la que inició sus actividades como director de escena Ruben Broido).

De las obras extranjeras de reciente factura, una de las más interesantes, por su problemática, por su estilo, por su tratamiento, es Next time I'll sing to you (La próxima vez te cantaré a tí), que en la traducción de Eduardo García Máynez se titula Un ermitaño es descubierto. Obra en la que Saunders afirma que si hemos errado el camino, sería prudente volver los ojos hacia atrás, retroceder hasta encontrar el vértice donde se torció la ruta y decir nuevamente: “buenos días”.