FICHA TÉCNICA



Título obra El alma buena de Sezuan

Notas de Título Der gute Mensch von Sezuan (título en el idioma original)

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Xavier Rojas / versión

Dirección Xavier Rojas

Elenco Virma González, Guillermo Keys Arenas, América Velazco, Félix Santaella, Francisco Araiza, Eva Nelly M., Rosa Guzmán

Notas de elenco Los quemadores de tabaco / conjunto musical

Escenografía Antonio López Mancera

Coreografía Guillermo Keys Arenas

Música Raúl Sáyago

Notas de Música Alejandro C. Rendón / adaptación de letras

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Productores Xavier Rojas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El alma buena de Sezuan”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 mayo 1968, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El alma buena de Sezuan

Mara Reyes

Teatro Hidalgo. Autor, Bertolt Brecht. Versión, Dirección y Producción, Xavier Rojas. Música, Raúl Sáyago. Adaptación de letras, Alejandro C. Rendón. Coreografía, Guillermo Keys Arenas. Escenografía, Antonio López Mancera. Conjunto musical, Los quemadores de tabaco. Reparto: Virma González. Guillermo Keys, América Velazco, Félix Santaella, Francisco Araiza, Eva Nelly M., Rosa Guzmán, etc...

El montaje que acaba de hacer Xavier Rojas en el Teatro Hidalgo, de El alma buena de Sezuan (Der gute Mensch von Sezuan) de Bertolt Brecht es uno de los más importantes de la temporada. Colaboran en el espectáculo, Guillermo Keys Arenas, con una bella coreografía –además de desempeñar él mismo, y ejemplarmente, el papel del señor Shu Fu–, Antonio López Mancera con una escenografía funcional, sencilla y pintoresca; Raúl Sáyago, con una música muy a la moda a gogó; Virma González, a quienes los dioses otorgaron el don de la gracia, en el personaje central de la obra y un conjunto de actores jóvenes, bailarines músicos que pusieron todo su empeño en la recreación de la obra brechtiana, consiguiendo ofrecer al público un espectáculo lleno de frescura y en el cual los postulados de Brecht dejan de ser teoría para convertirse en mensaje vital, sin acartonamientos ni sofisticaciones.

Esta obra, lejos de ser una discusión sobre el bien y el mal, trata de hacer un análisis de las relaciones entre las clases sociales. El personaje de Shen-Te, desdoblado en el de Shui-Ta es el que se encarga de clarificar la dependencia de los personajes de los determinantes sociales a que se ven sometidos. No es que Shen-Te signifique la bondad y Shui-Ta la maldad que se hallan en todo individuo. Su significación es de orden político y no moral. Shen-Te, por haber sido prostituta, es vista por la sociedad –por una clase social igual a la de ella– como un ser en el que no se debe confiar, del que se puede abusar y al que se debe explotar. Pero al desdoblarse Shen-Te en su primo imaginario, el señor Shui-Ta, aparece como el “rey del tabaco”, a quien se respeta, teme y estima porque pertenece a una clase social superior.

Los pobres no pueden ayudarse a sí mismos, nos dice Brecht y, añade, el camino para ayudarles no es la beneficencia, como tampoco el trabajo, cuando éste se verifica en condiciones de explotación. La prueba es que cuando el policía o Yang-Sun se sienten semintegrados a una clase social superior, a través uno del uniforme de la Ley y otro del látigo del capataz, se vuelven contra la clase social de la que forman parte, por el solo prurito de sentirse “superiores” a ella.

Los dioses, inútiles como figurillas de paja, tampoco son la solución, ellos hacen todas las concesiones y son impotentes para resolver los problemas de una sociedad capitalista en la que el hombre tiene que sacrificar la bondad por la supervivencia. Los principios morales flaquean ante la presión corruptora de una organización social fincada en la explotación del hombre por el hombre. Los dioses se hacen los ciegos para no ver la trampa imaginada por Shen-Te, con tal de poder decir que todo está en orden en el mundo, pues han encontrado un “alma buena” que supo mantener la bondad a pesar de la pobreza. Los dioses son los personajes tratados por Brecht con mayor ironía, y –en la puesta en escena–, son los actores que los encarnan quienes necesitan todavía pulimento, pues caen en errores de acentuación en las frases y pierden frecuentemente el tempo que llevan sus compañeros, en especial, el dado por Virma González, quien le imprime no sólo el tempo, sino el ritmo y el tono a la representación. Ella es realmente “el alma” del espectáculo, rodeada por el marco de bailarines, magníficamente manejados por Guillermo Keys y de actores cuya juventud les permite mayor ductilidad.

En cuanto al empleo que hizo Rojas de una partitura diferente a la escrita originalmente para la obra, creo que de haber utilizado la música de Paul Dessau, tal vez se le habrían planteado a Rojas dos problemas: primero, el de tener que acoplar las letras castellanas a una música que había sido escrita para otro idioma y segundo, el del impacto que esa música pudiera tener en nuestro público. Por eso me parece un acierto que haya substituido la partitura de Dessau por la de Raúl Sáyago, que da a la obra una atmósfera de actualidad que llega más directamente al espectador de México. Por otra parte, el que Bertolt Brecht no haya alcanzado a dirigir él mismo El alma buena de Sezuan, da al director una libertad mayor que si existiera un modelo previamente fijado por el autor.

Una de las mayores cualidades de la puesta en escena de Xavier Rojas, es su belleza plástica (y el vestuario estilizado que escogió, no exento de ciertos toques orientales), belleza que aunada a los supuestos ideológicos, políticos y sociales, esgrimidos con toda fluidez, dio por resultado una representación en la que lo didáctico y lo estético se acoplan en perfecta armonía.