FICHA TÉCNICA



Título obra Costumbres

Notas de autoría José Pedro Bellan / autor de la novela Doña Ramona; Víctor Manuel Leites / adaptación teatral

Dirección Blas Braidot

Elenco Mari Paz Mata, Raquel Seoane, Nilda Valencia, Mara Hernández, Rosalinda Barranco, Mario Ficachi

Escenografía Félida Medina

Grupos y compañías Grupo Contigo América

Espacios teatrales Foro Contigo América

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Nuevo espectáculo de Contigo América: Costumbres” en El Día, 26 septiembre 1983, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Nuevo espectáculo de Contigo América: Costumbres

Malkah Rabell

El grupo uruguayo, Contigo América –que cada vez más adopta elementos mexicanos–, ha cambiado de sede. Cambió su anterior casa particular por otra, más amplia. Y nunca hubiese pensado que se puede uno divertir y gozar tanto de una representación realizada en el centro de una habitación, rodeados por 60 espectadores. También El Granero y el Polyforum Siqueiros son escenarios circulares, pero en ellos la división entre público y espectáculo es muy diferenciada. En la sede de Contigo América la separación entre ambos campos casi no existe, es más bien moral y psíquica que material. Y sin embargo, nunca existió el menor caos, el menor desorden. Toda la representación de la obra del dramaturgo uruguayo, Víctor Manuel Leites: Costumbres, basada en la novela Doña Ramona de José Pedro Bellan, es de una disciplina, de un orden y de una dirección de actores y de ambiente, perfectos. Se siente y se presiente la mano del director, Blas Braidot en cada gesto, en cada expresión, en cada movimiento de los intérpretes. Y no obstante, esta dirección tan apoyada nunca molesta, está llena de naturalidad, de espontaneidad y de algo que yo llamaría –creo– fuerza interior.

¿Se puede llamar esta Costumbres obra costumbrista? Creo que no. Para mi es más bien un drama psicológico y social. A veces el dramatismo llega a tal intensidad que parece melodrama. Pero tampoco ello molesta. El final nos lleva al clímax, para de repente caer en el silencio; y unas pocas palabras pronunciadas en voz baja, le ponen punto final; la familia de "gente bien", la familia burguesa ha triunfado, ha impuesto su voluntad a la compleja personalidad de Doña Ramona, la ama de llaves; ha destrozado una vida para siempre, de una manera irreversible. ¿Mas, qué importa? Se han salido con la suya, han salvado el nombre y la situación de una familia cuyo "abolengo" empezó con el padre gallego que hizo una fortuna, y continuó con el hijo comerciante, amigo y sostén de todos los gobernantes que saben imponer orden a la nación con mano de hierro.

Son cinco mujeres en el escenario y un solo hombre. Empezaré con el personaje más bajo en la escala social, pero en realidad el centro del drama: la sirvienta Magdalena, que hace 20 años trabaja en la misma casa, que de repente, medio embriagada con el "chanti" del patrón, y medio desatada por el propio rencor que necesita lanzar afuera, explica quien fue el viejo "gallego bruto". En ese papel, Mari Paz Mata tal vez no fue del todo a la altura dramática de ese extraño personaje. Si yo fuera Raquel Seoane me quedaría con este papel, con el cual –si no me equivoco– se puede hacer algo muy sugestivo. Pero Raquel Seoane interpretó el papel de la hermana mayor, la solterona, la santurrona y dominante, que por rasgos de carácter perdió a su único novio. Estuvo estupenda. Convencía con todo sus cambios de carácter, sus cambios de personalidad, que a veces llega a la monstruosidad. También las dos actrices, Nilda Valencia y Mara Hernández, como las dos hermanas más jóvenes, convencían con su juventud y su absoluta entrega a sus papeles, una romántica y la otra demócrata, igualmente romántica. Una lee novelas no santas prohibidas en la casa, y la otra lee periódicos, tampoco admitidos. Como Doña Ramona, Rosalinda Barranco presentó a la perfección a esa joven neurótica que confunde con pasión su amor a Dios con su amor a la vida. Fue física y subjetivamente un material dúctil en manos de la dirección. En cuanto a Mario Ficachi, quizá sobreactuó un poco en el papel del hijo, el único varón de la familia que debe llevar las riendas de los negocios y de la casa, pero que se deja llevar por todo el mundo. El joven actor mexicano, empleaba con toda naturalidad y facilidad el lenguaje del Río de la Plata. Mas, sobreactuar es menester saberlo. Y Ficachi supo hacerlo, supo llevar con igual manera su carácter desde el principio hasta el final. Creó un tipo.

El espectáculo contó con un precioso vestuario muy fiel a los principios del siglo cuando se desarrolla la acción, debido a esa estupenda escenógrafa Félida medina, que también se encargó de la escenografía fácil en apariencia, y difícil en realidad, con sus necesidades de permitir actuar con toda libertad en un espacio tan exiguo.

Y como punto final, diremos que fuera de Raquel Seoane y Blas Braidot, que son los únicos uruguayos, todo el resto del conjunto es mexicano.