FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Sankai-Juku

Notas de grupos y compañías Ushio Amagatsu / director

Espacios teatrales Teatro Principal de Guanajuato

Eventos IX Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Telón cervantino. Sakai-Juku o la pornografía exótica” en El Día, 13 mayo 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Sankai-Juku o la pornografía exótica

Malkah Rabell

Guanajuato, Gto., 12 de mayo.– La primera sorpresa que nos brindó la presencia de ese grupo japonés en Guanajuato fue el público, la "cola" que ocupaba 2 largas cuadras ante el teatro Principal ya una hora antes de iniciarse el espectáculo. Y resultaba un público muy extraño, formado por numerosas familias burguesas "decentes", gente mayor y muchas "cabecitas blancas", espectadores que rara vez pudimos encontrar en el Festival Cervantino. ¿Cuál fue el imán que los atrajo a la representación de una compañía desconocida, de la cual nunca habíamos oído hablar con anterioridad, como la Sankai-Juku, encabezada por Ushio Amagatsu? La sinopsis ya circulaba entre los periodistas desde los primeros días del festival. ¿La habría difundido la prensa local? Entonces aún menos nos lo explicábamos. ¿Cuál era el interés de un público alejado de las manifestaciones artísticas de la vanguardia, por una expresión de la danza contemporánea caracterizada por el "erotismo perverso"? Parece que las expresiones "erotismo" y "perverso" tienen una atracción muy especial sobre las capas más "decentes" del público.

En el caso de Lindsay Kemp, muchas personas se expresaron con indignación. Consideraron de que se trataba de un espectáculo de cabaret indigno de figurar en un Festival Cultural. No me parece así. Porque creo que un Festival, como el Cervantino, debe dar cabida a toda clase de expresiones artísticas. Precisamente a la gente especializada, que no tiene –que no tenemos– las posibilidades económicas de pasearse por Europa o por los Estados Unidos, les permite presenciar el caso de Lindsay Kemp, aparte de lo estupendo de su espectáculo (que ya describí en otra oportunidad) existe la sinceridad de mostrarse tal como es. Su erotismo, o pornografía si se quiere, nos hablaba en nuestro propio lenguaje: eran occidentales que reflejaban la decadencia de nuestro propio mundo. Nada ni nadie nos engañaba. En el caso de Sankai-Juku, nos hallamos ante un exotismo ajeno a nuestras conocimientos. Lo que en Le Monde de Paris hizo decir a Colette Godard: "Confunde nuestra percepción y la jerarquía de nuestros valores...", y Armando Partida agrega en el programa: "...mezcla la noble elegancia de danzas rituales, el amaneramiento plebeyo del cabaret, la violencia de un erotismo que va más allá de la sensualidad, el estruendo de la percusión. los adornos adulterados de bandas musicales occidentales y el silencio..." Yo agregaría que todo ello, todo ese exotismo desconocido para nosotros, se presta enormemente al "bluf", al engaño, y que lo adulterado no sólo son las batidas musicales occidentales, sino toda la representación. ¿Cómo juzgar la separación entre rituales y simple homosexualismo de 5 actores que llevan los actos sexuales hasta la bestialidad, tal como se llama el acoplamiento entre un ser humano y una bestia aunque ésta fuera el aristocrático pavo real, como lo hace Amagastsu. Tampoco sé si debemos llamar "rituales" o el "Butoh" a las escenas de masturbación, de acoplamiento entre 4 actores desnudos, o de travestismo. Había escenas bellas nuevas tendencias, y toda clase de géneros. En y desgarradoras, como la primera, cuando un niño se retuerce en el sufrimiento de la bomba atómica, cuyo estruendo hace callar la vieja y eterna campaña. Pero tampoco sabemos si realmente se trataba de la bomba atómica.

En cuanto a la música, a las bandas sonoras occidentales, a su repetición hasta el enloquecimiento de la misma tonada, me parecía empleada como un elemento hipnotizante. Así como se hipnotiza con la música a las serpientes. Ese empleo de las sonoridades excesivas como fondo musical, que viene de Artaud, ya se emplea mucho también en otros espectáculos, y siempre con el mismo efecto: hipnotismo.

Otro elemento del conjunto Sankai-Juko, quizá el que junto con lo sexual resultaba lo esencial de la representación, era la lentitud, que por igual que la música se prolongaba con tal exceso que a unos hipnotizaba y dejaba admirados por ese "excepcional espectáculo corporal", y a otros molestaba, hacía cabecear de cansancio, o los hacía de plano abandonar la sala. Cada gesto, cada movimiento de las manos, de los pies o piernas, de las caderas y del vientre duraba 5 minutos, y según aseguran los intérpretes del conjunto: "De las caderas y del vientre se desprende una energía especial, que ilumina esa oscura noche". Y así todo el espectáculo, con sus ¿estos, con su lentitud, con las cabezas rapadas y la desnudez o el travestis de sus actores, pretendía tener una "codificación" cuya autenticidad ignoro y que no me convence.