FICHA TÉCNICA



Título obra Un tranvía llamado deseo

Autoría Tennessee Wiliams

Dirección Dolores Bravo de Serret (Lola Bravo) / dirección artística; Héctor Bonilla / dirección escénica

Elenco Dolores Bravo de Serret (Lola Bravo), Héctor Bonilla, Pablo Aguirre, Ignacio Montero, Antonio Longoria, Rober Fernández, Julia Marichal, Marystell Molina

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro del Periodista

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 9 junio 1963, p. 4.




Título obra Divinas palabras

Autoría Ramón del Valle Inclán

Dirección Juan Ibáñez

Elenco Marta Zavaleta, Ignacio Sotelo, Rosa Furman, Javier Velasco, Germán Castro, Marisa Ibáñez, Selma Beraud, Gilberto Pérez Gallardo, Leticia Gómez, Marisela Olvera, Ramiro Salas, Humberto Enríquez, Magda Vizcaíno, Virgilio Leos, Fernando Delié, Carlos de Pedro, Pati

Escenografía Vicente Rojo

Música Mariano Ballesté

Vestuario Marcela Zorrilla

Grupos y compañías Compañía de Teatro Universitario

Espacios teatrales Teatro de la Universidad (antes El Caballito)

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 9 junio 1963, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Un tranvía llamado deseo, Divinas palabras]

Mara Reyes

Un tranvía llamado deseo. Teatro del Periodista. Autor, Tennessee Williams. Dirección artística, Lola Bravo. Dirección escénica, Héctor Bonilla. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Lola Bravo, Héctor Bonilla, Pablo Aguirre, Ignacio Montero, Antonio Longoria, Rober Fernández, Julia Marichal, Marystell Molina, etc...

Esfuerzo inaudito el que ha realizado Lola Bravo al montar en el Teatro del Periodista: Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, con una escenografía que no podía ser mejor dadas las condiciones con que contó Antonio López Mancera.

Si bien se trata de un grupo experimental, la calidad de la interpretación es muy de tomarse en consideración; ya que era difícil de luchar contra el recuerdo que de esta obra se tiene en México, ya que cuando la dio a conocer Seki Sano hace poco más de una docena de años tuvo un éxito que pocas obras han logrado, pero luchar, además, sirviéndose de elementos tan precarios como ese minúsculo foro, sin telón, y de actores sin la experiencia que dan los años de entrenamiento, ha sido una tarea más que difícil, heroica.

La interpretación de Blanchedu Bois estuvo a cargo de la propia Lola Bravo, y a ella en su calidad de actriz es preciso reconocerle aciertos indiscutibles, como la escena en que le cuenta a Mitch su pasado, y otras muchas escenas con Stella y con Stanley. No obstante, algo susceptible de mejorar sería, a mi juicio, el marcar con mayor énfasis la transformación paulatina que Blanch va sufriendo a partir del principio de la obra, en donde el personaje no pasa de ser una mujer alcohólica, atormentada, frustrada, pero con una brizna de esperanza, aún con la energía para inventar un nuevo amor, diferente a la mujer que al final, en derrota total ha caído en la neurosis, en el delirio, y ha perdido todo contacto con la realidad. Este tránsito entre dos puntos que están muy cercanos, es más difícil que si fuera entre dos puntos totalmente alejados uno del otro, pero bien puede marcarse en forma más definitiva.

Héctor Bonilla, en su calidad de actor, no superó con su Stanley la interpretación que hiciera del boxeador de Puños de oro, de Odets. Si bien tiene cualidades innegables, su dicción es defectuosa y no dio a su personaje todo el bagaje psicológico de un ser humano. Liza Willert, actriz que denota frescura y madurez, interpretó en forma acertadísima su personaje de Stella.

Pablo Aguirre, personificó a Mitch con gran propiedad y los papeles secundarios, todos, fueron interpretados con la sobriedad debida.

En esta ocasión aparece la dirección escénica a cargo de Héctor Bonilla y la dirección artística a cargo de Lola Bravo, de cualquier manera se notan cuidados los maticies, ágil el ritmo, con pausas en las que la acción suple a la palabra, etc… el estilo realista que ha caracterizado las puestas en escena de Lola Bravo, también puede apreciarse en esta ocasión, aunque no sabría yo distinguir qué detalles de la dirección provienen del director escénico y cuáles otros de la directora artística, pero puede decirse que una vez más Lola Bravo ha obrado milagros.

Divinas palabras. Teatro de la UNAM (Antes Caballito). Autor, don Ramón del Valle Inclán. Dirección, Juan Ibáñez. Escenografía, Vicente Rojo. Vestuario, Marcela Zorrilla. Música, Mariano Ballesté. Reparto: Compañía de Teatro Universitario.

Un hecho de gran importancia para la vida cultural de nuestra capital, es la creación de la Compañía de Teatro Universitario, con elementos que ya han probado en innumerables ocasiones su capacidad. Es fácil recordar interpretaciones insuperables realizadas por estos jóvenes actores, directores, escenógrafos, etc… que han de mostrado mayor profesionalismo que muchos profesionales y un concepto más puro de lo que es el teatro.

Incluyo aquí algunas de las palabras con que Héctor Azar, director de la Sección de Teatro de la UNAM, presenta a la nueva compañía, por parecerme que sólo un trabajo en equipo, como él lo dice, tiene la posibilidad de dar a nuestro teatro su verdadera fisonomía; ¿qué elementos forman una buena compañía teatral? Héctor Azar responde:

“…Un actor que recobre la dignidad perdida en aras de la improvisación –tan frecuente y tan funesta– que conduce al vedetismo; un director que, como un delegado previo del público a la obra, interprete sus alegrías y sus dolencias ayudándolo en la comprensión de las cosas de la vida; un técnico conocedor de las más recientes innovaciones de su oficio artístico; un autorpenetrante y consciente del momento histórico que le tocó compartir con sus semejantes, en situaciones que vayan más allá de la riña evasiva –no la competencia leal– o de la pose magnífica. Un público, en fin, que sea congruente en el aplauso o en el rechazo del teatro que le exponga las múltiples alternativas de su existencia”…

Esta es la aspiración de esta compañía que cuenta con todos los elementos para dar al público el mejor de los rendimientos.

La obra con que se presenta por vez primera esta compañía es “Divinas Palabras” de don Ramón del Valle Inclán, un autor que fincó las bases para el teatro de un Beckett, más que novedoso en su tiempo, lector de temas teológicos y místicos que buscaba información en la magia y en la demonología, la astrología y la alquimia, que leía lo mismo sobre artes de la guerra, que sobre la más rara farmacopea; y todas esas lecturas la muestra en sus obras, con un lenguaje más que localista, poético, y con una visión muy personal del mundo, basada en los conocimientos que le procuran sus observaciones de los hechos humanos.

En Divinas palabras se enreda la crueldad, con la ingenuidad, en forma bien extraña, la evocación cristiana con la herejía, el perdón como un producto legítimo del pecado, todo ello revuelto con la poesía y al presentar a su “corte de los milagros”, sin milagros, sino con los monstruos verdaderos, con seres que no se disfrazan de deformes, sino que aprovechan a aquellos cuya deformidad es real, nos hace aparecer delante de los ojos las figuras de los grabados de Goya, tomando cuerpo y sangre.

La dirección de Juan Ibáñez, excelente, retando a las mejores de Alexandro, del que tiene señalada influencia, aunque esto no le resta ninguno de sus méritos. Hay en Juan Ibáñez, imaginación, gran imaginación, visualización plástica, dominio de la imagen y del sonido, aprovechamiento al máximo de la iluminación, penetración profunda en los conceptos que quiere destacar el autor y por sobre todo ello: belleza, aun en lo sórdido, aun en lo brutal, aun en lo cruel, aun en lo sucio. El nacimiento de un nuevo gran director, es siempre motivo de alegría y merece la mejor acogida. ¡Buena suerte!

La escenografía de Vicente Rojo, es una muestra de que no se necesita sino talento, imaginación y buen gusto, para hacer una creación con el mínimo de los elementos. Ojalá algunos de nuestros escenógrafos aprendan la lección.

Podría decirse que sobresalen en la actuación: Marta Zavaleta –que está eminente–, Ignacio Sotelo, Rosa Furman, Javier Velasco, Germán Castro, Marisa Ibáñez, cuya escena de la muerte nos recordara a Beatriz Sheridan, pero la verdad es que cada uno de los integrantes de esta espléndida presentación merecen el más cálido de los aplausos, ellos son: Selma Beraud, Gilberto Pérez Gallardo, Leticia Gómez, Marisela Olvera, Ramiro Salas, Humberto Enríquez, Magda Vizcaíno, Virgilio Leos, Fernando Delié, Carlos de Pedro y Pati.