FICHA TÉCNICA



Título obra Puños de oro

Notas de Título Golden Boy (título en el idioma original)

Autoría Clifford Odets

Notas de autoría Mario Castillón / traducción

Dirección Dolores Bravo de Serret (Lola Bravo)

Elenco Héctor Bonilla, Raúl Zermeño, Liza Willert, Rogelio Quiroga, Ángel Casarín, Diego Landeros, Ignacio Montero, Leticia Gómez, Miguel Tress, Antonio Longoria, Vicente Cabello, Leticia Gómez

Escenografía Antonio López Mancera

Grupos y compañías Compañía de Teatro Popular del INBA

Espacios teatrales Nuevo Teatro Ideal

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 29 julio 1962, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Puños de oro]

Mara Reyes

Puños de oro. Nuevo Teatro Ideal. Autor, Clifford Odets. Traducción, Mario Castillón. Dirección, Lola Bravo. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Héctor Bonilla, Raúl Zermeño, Liza Willert, Rogelio Quiroga, Ángel Casarín, Diego Landeros, Ignacio Montero, Leticia Gómez, Miguel Tress, etcétera.

Muy buen juicio en lo que se refiere a la selección de las obras ha demostrado la Compañía de Teatro Popular del INBA que dirige Lola Bravo. En esta ocasión se trata de la obra del norteamericano Clifford Odets: Golden Boy, traducida como Puños de oro –por cierto la obra muy bien traducida por Mario Castillón–, en la cual el autor presenta el conflicto de un joven entre dos actitudes que tomar frente a su vida: aquella que lleva al hombre a ser lo que realmente él aspira, aun cuando esto no le otorge dinero o gloria súbita y aquella que lleva al éxito externo: fama, dinero, etcétera... a costa del sacrificio de la esencia misma del “ser”.

Para justificar la decisión que toma Joe, por la última postura, el autor se sirve de una serie de ingredientes para su personalidad: Joe es un muchacho que por un defecto físico siente una enorme agresividad hacia el mundo exterior, no obstante nunca se ha atrevido a dejarla libre, así pues para él el box, viene a ser la vía de escape, que al mismo tiempo que le permite tomar venganza, lo lleva al éxito exterior, lo mismo que al fracaso interior de ser músico y poco a poco hacia su propia destrucción.

La línea dramática sigue perfectamente las características de una tragedia, más paradójica cuanto mayor es la dosis de éxito aparente. También juega su papel el destino que es el que en última instancia hace a Joe y Lorna –personaje que se une al protagonista trágico– dar el último paso hacia la muerte, como única forma de escape e inclusive de salvación del ser.

El que en la obra el autor haya trazado algunos personajes como verdaderos “caracteres” y otros sólo como “tipos” plantea una dificultad para el director. Lola Bravo logró un equilibrio perfecto entre estos personajes, dando su dimensión exacta a cada uno de ellos. Esta directora, ya de altos vuelos, muestra un juego escénico cuya particularidad es la plenitud de pequeños detalles con que éste se desenvuelve. Dentro de su técnica ha encontrado ya su propia forma de expresión; si recordamos las primeras obras que puso en escena Lola Bravo, recordaremos que en algunos momentos quizá pecaba de abundancia de detalles. Ahora esta directora ha encontrado el justo medio. Otra característica suya es la gran fuerza dramática, el dinamismo de su juego escénico.

En Puños de oro –a pesar de que en ciertos momentos el ritmo se perdía, cosa que puede corregirse fácilmente con algunos cortes en la obra, o simplemente al dominar los actores (y los técnicos), los nervios del estreno–, tiene hallazgos muy dignos de tomarse en cuenta.

Toda la compañía realiza un trabajo excelente. Raúl Zermeño, Liza Willert, Rogelio Quiroga y Diego Landeros, protagonista en Las brujas de Salem, interpretan en esta ocasión personajes en todo diferentes a los de aquella obra y consiguen proyectar cada uno de ellos su propio drama en toda su profundidad. Héctor Bonilla, es un joven actor de enormes posibilidades, con presencia escénica que logra convencer y emocionar. Ángel Casarín, de ya larga trayectoria teatral, no es raro que sobresalga al desempeñar un papel de gran simpatía como es el Siggie. Ignacio Montero demuestra como siempre, ser un muy buen actor, hasta ahora desaprovechado. Muy bien también Antonio Longoria, Vicente Cabello, Leticia Gómez y en general toda la compañía.

Felicitación merece Antonio López Mancera por su escenografía en todo funcional y al servicio de la obra.

Un aplauso para todos.