técnica y literaria de la composición. Espero también, que vea como un elogio el que sea por el lado de mi oficio que haya
tenido la agradable sorpresa, pues esto
significa que tiene usted una
sensibilidad muy fina hacia los
procesos del inconsciente, y que
mecanismos muy finos de la emoción
humana son particularmente nítidos y claros para usted.
“En especial,
fui sensible al proceso de desmantelamiento de las ilusiones tempranas, y a
su fatal desgarro por las vicisitudes de la vida. La idealización, a mi manera de ver, es una trampa
continua de
la vida humana, un semillero permanente de
dolor, y
un encubrimiento de lo “siniestro”, que tiene la desventaja de ser no
solamente aceptada por el “yo”, sino fabricada por él de todas sus piezas, con la mejor de las intenciones y con lo que él (el yo) considera
lo mejor de sí mismo. En su pieza corroboré el viejo aforismo de que tras cada
idealización se esconde un
persecutor ineludible.
“La persecución, evidente-mente, se realiza en contra y a través de los objetos infantiles y fantaseados, y por eso hiere
tan hondo y causa tanto dolor. Todo
eso, y muchas cosas más, están en su
obra...”
Dr. Rafael Barajas
(Psicoanalista)
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“Comprendo que
la simbología de Miralina, la obra de Marcela del Rio, sea difícil
de entender para un público común, acostumbrado a un teatro más apegado a lo que
equivocadamente se llama “realidad”. Debo,
sin embargo, afirmar que Miralina es una obra realista, mucho más que otras en el sentido de que no solamente muestra la
conciencia de un personaje, sino también, y principalmente, sus luchas inconscientes, en donde el sueño y los recuerdos tienen
tanta validez como los actos presentes. En esta obra desfilan los fantasmas que pueblan el espíritu de
una mujer, sus primeras fijaciones
sexuales, sus actos sádicos y
masoquistas, su búsqueda de liberación, y por sobre todas las cosas, el enorme deseo
de encontrar un vínculo real con el
mundo. Miralina, como toda mujer sensible, se topa con una serie de personajes, tan
enajenados
como ella: el que vive de ilusiones, el
hombre-niño que quiere convertir a
su amante en madre, el que se cree equilibrado y trata de castrar toda imaginación, facultad que es el motor
de la vida; el amante-padre,
“tan perezoso para ayudarse a sí mismo que quiere ayudar a los otros”, etcétera. Personajes que creen, cada uno detener en su espíritu la verdad
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