Los tejedores. Teatro de la UNAM. Autor: Gerhart Hauptmann. Escenografía: Benjamín Villanueva. Dirección: Carlos Castaño. Reparto: Grupos de alumnos de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales.
El trabajo
que hasta la fecha ha estado realizando la Universidad es verdaderamente encomiable ya que en el terreno de lo teatral ha abarcado todos los ángulos: conferencias sobre distintos aspectos del teatro, concursos de crítica teatral, mesas redondas, programas radiofónicos sobre actualidades teatrales, publicaciones, venta de libros, etcétera...
Ahora se está
llevando a efecto
la escenificación de una obra
de Gerhart Hauptmann,
escritor alemán (1862‑1946) formado bajo la influencia de Arno Holz eminentemente
naturalista.
Los tejedores, obra que por ahora nos ocupa,
fue escrita
en 1892 y es uno de los dramas más representativos del naturalismo alemán, su representación fue
prohibida por
considerarla un “drama de revuelta”. En dicha obra se plantea el problema del desplazamiento del trabajador manual por el desarrollo industrial que da el lugar a la máquina y se refiere en concreto al levantamiento de los tejedores de Silesia en 1844.
Como
antecedente de esta obra puede mencionarse que el abuelo de Hauptmann fue uno de esos tejedores que vivieron la miseria y las condiciones infrahumanas que el pinta en su obra.
El interés
por el problema social en Hauptmann es evidente y el leitmotiv es la denuncia, la protesta, la crítica. No
hay un protagonista individual, sino
una unidad protagónica, es decir, una
colectividad la que sufre los hechos. El grupo de teatro de la Escuela de Ciencias Políticas y
Sociales, que es a la que pertenecen todos
los actores que trabajan en esta escenificación, adaptó el problema al
ambiente mexicano con gran éxito y se demuestra con esto, una vez más, que los
conflictos que afrontan los pueblos no son
privativos de un país o de otro, sino
que se ven repetidos en todos
aquellos en los que los sistemas
económicos son similares.
Decíamos
pues, que encontramos muy acertada la adaptación al ambiente mexicano; sin embargo, no estamos de
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acuerdo en que se haya modificado el final de la obra, pues sentimos que pierde dramatismo y
da la idea de que algo ha quedado sin decir. En la
obra original Gustavo (Gottlieb, en el original)
se decide en el último momento a entrar a la revuelta, y después de
tomar el hacha sale a combatir junto con sus compañeros, mientras
el padre, lamentándose de que su hijo hubiera
caído también en manos del demonio, se encomienda a
Dios y en ese momento entra por la ventana una bala
y lo mata, al tiempo que Milita, la nieta del viejo, anuncia que los soldados que apoyaban a los fabricantes huyen.
El final es pues totalmente distinto y mucho más positivo que como nos fue presentado en la
adaptación.
No obstante esto, la obra no pierde
su fuerza, el director, Carlos Castaño, logró mover sus
figuras con acierto, aprovechó además el espacio -bastante
reducido especialmente para un reparto de
treinta y nueve actores- y marcó los caracteres de los personajes
lo más apegado posible a los requerimientos del
texto, a pesar del obstáculo que representaba la diferencia
de edad de los actores con la de los personajes. Para
juzgar la dirección, es necesario también tomar en cuenta
que todos los intérpretes son estudiantes que por primera vez pisan un escenario y
quizá precisamente por esto hay una sinceridad absoluta
en su trabajo.
También el escenógrafo resolvió los problemas con acierto. Lo importante de esta representación es que todos los intérpretes -director,
escenógrafo y actores‑ logran transmitir la fuerza crítica con que el
autor expone
la vida de una sociedad.
El pobrecito embustero. Teatro Milán. Autor: Víctor Ruiz Iriarte. Dirección:
Elías Smeke. Escenografía:
Amelia Guízar. Reparto: José Baviera, Alicia Quintos,
Edmundo Barbero, Rebeca Sanromán,
Jorge Barón, Enriqueta Lara, Guillermina Téllez Girón y
Lupe Carriles.
No cabe duda que el teatro
comercial no está en una de sus buenas rachas -de por sí poco frecuentes-. Después de tres
semanas de inactividad (en cuanto a estrenos) se lleva
a escena una de esas comedias que podían haber divertido y emocionado hace unos treinta años a
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