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    Teatro Sullivan. Autor William Inge. Traducción, José Hernández Díaz y Dimitrios Sarras. Dirección Dimitrios Sarras. [Escenografía, David Antón]. Reparto: Alicia Bonet, Felio Eliel, Rogelio Guerra, María Cristina Ortiz, Dolores “Lola” Tinoco, Beatriz Baz, Humberto Enríquez, Queta Lavat, Aurora Alonso, Lucha Palacio y José Alonso.

 

    Bajo la firma de José Hernández Díaz se ha iniciado una temporada teatral en el teatro Sullivan, dirigida por Dimitrios Sarras con la obra Picnic, de William Inge, y se anuncian para un futuro próximo dos estrenos más y una reposición, Afecto natural, también de Inge; La loba, de Giovanni V. y El hombre que hacía llover, de Richard Nash (obra estrenada por Xavier Rojas en el teatro del Granero hace varios años y con José Gálvez al frente del reparto).

    Inge, autor de Vuelve mi pequeña Sheba (que estrenó en México José de Jesús Aceves, con Emperatriz Carbajal como protagonista), Oscuridad en lo alto de las escaleras y Parada de autobús (que protagonizó en México Ignacio López Tarso), entre otras, es un autor emparentado con Williams, en cuanto a la temática de la frustración, pero sus personajes viven

diorama teatral

picnic

por mara reyes

con una angustia menos patológica, tanto es así que en algunos casos, como en Picnic, dichos personajes pueden llegar a la solución de sus problemas, si bien a través de pasos dolorosos, pero con decisión de esperanza vital para el porvenir.

    Inge se cuenta, como la mayoría de los dramaturgos norteamericanos, dentro de la corriente realista que retrata de la manera más precisa los rasgos característicos de una forma de vida de apariencia estandarizada, pero de contenido eminentemente singularizado.

     Curiosamente en Picnic encuentro, aunque con grandes diferencias sicológicas y sociales, la misma reacción de la mujer aldeana de García Lorca, frente al hombre que aparece de pronto como un haz de luz para dar color a las cosas.

     La belleza de Madge tiene una justificación sólo cuando es advertida por ese hombre,

instintivo y salvaje, que llega a arrancarla de su engañosa pasividad, de su aparente tranquilidad. Madge siente al fin que existe cuando despierta como mujer; ya no es una crisálida que sueña con abrir las alas, sino un ser humano que sufre, se desespera, pero que finalmente, siente el amor y sabe que sólo con la entrega total puede cumplirse como mujer.

     Ahí, junto a ella, ha visto transcurrir la desesperada y ahogada vida de otra mujer que ha pasado por la vida sin tocarla, la solterona, la cual en un esfuerzo supremo, al analizar la vida de los otros voltea los ojos hacia sí misma y horrorizada de su vacío, decide, tarde, pero no tanto que no tenga remedio, vivir también.

     Los personajes de Inge, menos egoístas que los de William, logran su felicidad porque no se complacen en sentirse

 

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