Casa de la Paz, OPIC. Autor, Alfonso Pallares.
Director, Alexandro Jodorowsky.
Reparto: (por orden de aparición) Sergio Klainer, Carlos Ancira, Lilia Aragón y Narciso Busquets.
Sólo con regocijo puede ser recibida la nueva actitud de Alexandro, de poner en escena el joven teatro mexicano. Siempre
he creído que la renovación teatral de un país se verifica a través de un acoplamiento
de intereses entre autor, director, actor, escenógrafo y público, y que
descartar al autor, de una compañía que quiere ser renovadora (quiero decir con
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descartar, el recurrir a autores de
otras latitudes o épocas), da por resultado movimientos incompletos.
La obra escogida por Alexandro Jodorowsky para iniciar esta nueva etapa de su carrera, ha
sido Enanos de Alfonso Pallares, autor a quien hay que dar el
saludo de bienvenida a la escena mexicana. Hay motivos suficientes para
comprender el aval que Alexandro le dio a esta obra de
Pallares, aun cuando, en mi opinión dicha obra dista mucho de ser la conquista
de una cumbre.
El autor demuestra ser un buen observador de la realidad. Su
primer acto, aunque en ocasiones cae en la ingenuidad e incluso en lo obvio, es
como un caleidoscopio de momentos observados, de realidades ante las que se
rebela con toda legitimidad. En el primer acto, pinta a sus personajes, los
descubre al público con malicia dramática, pero en el segundo acto se le
desbaratan entre las manos y, perdiendo su dimensión de personajes, quedan como
simples expositores de sus ideas de autor.
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del más fuerte). Pues si los dos
actos, tal como están escritos no se tocan, es, en mi concepto, porque están
planteados a distintos niveles. Los personajes que aparecen en el segundo acto
son distintos de los del primero, les interesan otras cosas, les mueven otras
ideas, tienen una meta que nada tiene que ver con la meta que se fijaron los
personajes del primer acto.
Sin embargo, Alfonso Pallares tiene talento, posee un sentido de
observación valedero y una preocupación filosófica que a medida que perfeccione
su técnica dramática, adquirirá consistencia y proyección. Pallares posee una
de las máximas cualidades de todo dramaturgo: sinceridad. Está convencido de lo
que dice y es evidente que tiene necesidad de decirlo porque si no “revienta”;
y esa es la condición sine qua non para la obra de arte: tener qué decir. Aprender a decirlo tomará su tiempo -poco
o mucho según su dedicación- pero lo primordial es que detrás de ese texto, hay
un autor.
Es muy satisfactorio también,
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¿Influencias? Tal vez Sartre, Camus y Dürrenmatt, y esto no
es malo, la influencia es uno de tantos estímulos que debe recibir un autor. A
Pallares le falta madurar su técnica, algo muy natural puesto que es su primera
obra, para que ésta no se le escinda, como ocurre con Enanos, cuyos dos
actos parecen de dos diferentes obras. Se me ocurre que podría escribir un
segundo acto, en el que resolviera los problemas planteados en el primero, y
que escribiera también un primer acto en el que planteara los problemas desarrollados
en el segundo. Con ello tendría dos ensayos sobre un mismo tema, uno a nivel individual
(los problemas personales de cada uno de los personajes) y otro a nivel social
y filosófico (los problemas de una sociedad en relación con la “libertad”, en
una civilización basada en la ley
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que Alexandro haya incorporado a su grupo a dos nuevos valores de nuestra escena (en mi
reseña del año teatral de 1966, decía yo que tanto Lilia Aragón, como Sergio Klainer, habían sido una verdadera revelación). Con esta
obra queda confirmado que Sergio Klainer es un brillante
actor y que Lilia Aragón es una Actriz, con mayúscula, -no me gustan los
vaticinios pero si alguno me atreviera a hacer, sería el de pronosticarle a esta
actriz una gran carrera).
Si me refiero primero a estos dos actores, no es sino para
señalar lo acertado que me pareció su inclusión en el reparto; un reparto en el
que habría que mencionar a todos al mismo tiempo, pues todos merecen el primer
puesto en los “créditos” que afortunadamente comienzan a abolirse. No es
frecuente que dos
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