Nuevo Teatro Reforma. Autor, Antonio González Caballero. Música, Tony
Cabral. Dirección, Miguel Córcega. Coreografía, Armando Pascual. Escenografía,
Antonio González Caballero. Reparto: Sofía Álvarez, Miguel Córcega, Carlos
Riquelme, Bárbara Gil, Polo Ortín, Óscar Servín, Xavier López (Chabelo), Ela Laboriel, Marina Marín,
Eleonora Sagán y Eugenio Cobo.
Cuando se estrena una obra mexicana, y más cuando el estreno se hace a
bombo y platillos, con reapertura de teatro y reaparición de una gran estrella,
todo el mundo desea que la obra sea un éxito, desgraciadamente Los
jóvenes asoleados así como su puesta en escena, están plagadas de
errores y no pude menos que sentir que me estaban dando gato por liebre. Aun
cuando se hayan propuesto hacer un juguete cómico, sin rigor histórico alguno y
con más hibridez cultural que la de un “pocho” hay un límite a esas libertades;
no puede ponerse al dios Neptuno haciendo la señal de la cruz para bendecir el
supuesto casamiento de su hija, por más anacronismos que hayan querido
almacenar dentro de la “fantasía musical”. Tampoco puede aceptarse que un personaje
cambie totalmente de personalidad, sólo por el hecho de cambiar de atuendo
(cuando no hay un por qué deliberado), me refiero al personaje de Justina, que
camina, habla y se comporta de manera totalmente diferente, antes y después del
momento de ponerse en bikini.
Pero
lo que no puede verdaderamente soportarse, es el haber resuelto las canciones
con grabación, ya que esto hace que los actores se pasen más de la mitad de la
obra tratando de acoplar el movimiento de sus labios a la letra de la
grabación. El público resiente ese continuo desequilibrio entre las voces
habladas y las voces cantadas, que difieren en volumen
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debido a que unas se escuchan al
natural y otras al través de megáfonos. Además de aburrido, este recurso
resulta notoriamente artificioso. Ahora bien, si se decidieron a grabar las
canciones, sea para tener orquesta sin pagar músicos cada noche,
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alguien que supiera cantar.
Para colmo de desgracias, la escenografía
-del propio González Caballero- es de mal gusto. Con todas estas fallas, de
obra, de dirección y de marco, es difícil aquilatar el trabajo de los actores
que intervienen, pues el teatro
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los .jóv-enes
asoleados
por mara reyes
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sea
para evitar imperfecciones, deberían haber cuidado por lo menos de que las canciones
grabadas no estuvieran desafinadas, y en caso de que una actriz o un actor no
tuviera buena voz y una correcta afinación, podían haber doblado su voz por la
de
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es un complicado
mecanismo que, como se dice en la mecánica, debe valorarse según el estado de
la peor de sus piezas, si una no funciona, la maquinaria se atasca y aunque
otras piezas estén en perfecto estado serán inútiles,
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