diorama teatral |
resbala sólo sobre la superficie del personaje, como sobre una piedra dura y lisa imposible de horadar. Generalmente son disculpables los olvidos momentáneos del texto, que los actores sufren ¡la memoria no es infalible!, pero en el caso de Miguel Manzano, esos olvidos hacen pensar que se trata de negligencia, pues me parece que no recuerdo una sola vez que lo haya visto actuar, sin que le haya sobrevenido una de esas lagunas mentales. Quizá el defecto de Miguel Manzano sea simplemente, ser “distraído”, y a esa falta de concentración se deba su superficialidad y sus “lagunas”. Si en lugar de estar mirando al público, se concentrara en lo que siente su personaje, inclusive muchos de sus trucos darían buenos resultados. En cuanto a Carmen Molina, su actuación es
tan natural como siempre; superficial también, pero porque su personaje es
superficial y si no se puede olvidar en ningún momento que es Carmen Molina,
más que Mercedes, quizá sea porque el papel le quedó como anillo al dedo.
La dirección de escena tuvo sus altas y
sus bajas, pero a decir verdad son más las altas que las bajas. Las escenas de
“Los pobres” y de “La clase media”, tienen verdaderos hallazgos, el ritmo de
las escenas es ágil y equilibrado, donde ese ritmo se cae y no por culpa de Landeta, sino del autor, es en las escenas -especialmente las
|
de conjunto- de “Los ricos”. En ellas, se hace patente, cómo, cuando
falla la letra escrita, falla la letra hablada. Las situaciones son falsas, no
porque no existan tales situaciones en la realidad, sino por la forma obvia y
artificial de presentarlas. Si José Baviera se luce, es quizá porque de “Los
ricos” es el personaje mejor trazado, pero los demás: Celia Manzano, Ricardo
Muñoz y Marcela Daviland naufragan en ese mar de
artificio.
|