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diorama
teatral
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la poética de Aristóteles. Por el contrario, éste un teatro estático, en el que se recuerda el pasado y se lucubra sobre el más allá; es un teatro en el que prácticamente no existe el “presente”. Puede decirse que el teatro noh es para iniciados que sepan interpretar todos sus símbolos, -que han devenido en convenciones- y que a la vez da al público todo el margen posible para usar su propia imaginación.
   
Un abanico puede representar lo mismo una copa, que una vela que al apagarse esfuma al fantasma que habla (como para los antiguos griegos el hilo que cortaban las Parcas interrumpía la vida de un hombre), y así, puede simbolizar infinitos objetos o actitudes humanas.

   Los movimientos que ejecutan

 

los actores son escasos, pero todos son significantes, de ellos emergen los sentimientos y los conceptos sobre la vida y la muerte, siempre en la forma más refinada y menos obvia, siempre envueltos en un halo de poesía plástica.

      El teatro noh fue en su origen palaciego, dedicado a satisfacer al emperador y su corte, a los grandes señores feudales, de ahí que la delicadeza tanto del lenguaje, como de los gestos y de los atavíos, sea parte importante de todo teatro noh.

    Todas las obras de este género son breves, escritas en verso y prosa, y en su mayoría fueron compuestas por sacerdotes budistas, en el periodo Muramachi (1338-1565). Se pueden distinguir cinco clases de noh, según sus temas: kami mono, o representación divina; shura mono, o representación guerrera o heroica; kazura mono, de carácter femenino; yobanme mono de varios temas y kiri mono, historia de espíritus (no dioses, sino monstruos, duendes o demonios).
   La compañía que se presentó en México pertenece a la escuela Hosho, que fue fundada en el siglo XIV y presentaron en su primer programa Kayoi Komachi, una obra de Kannami Kiyotsugu, quien es como el padre del teatro noh, ya que fue el primero que le dio la forma que todavía hoy conserva, y Tsunemasa, pieza atribuida a su hijo Seami Motokiyo, considerado como el hombre de teatro más completo del Japón y a quien se debe la perfección de ese género de teatro, en el que nada es improvisado, ni siquiera un grito o una exclamación del coro o de los músicos.