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Palacio de las Bellas Artes. Directores: Roger Hoff y Paul Emile Deiber. Decoradores: Suzanne Lalique y André Delfau. Elenco: Louis Seigner, Jacques Toja, Lise Delamare, Genevieve Casile, Jacques Destoop, Christine Fersen, Michel Aumont, Françoise Chaumette, Jean Louis Jemma, Jean Claude Arnaud, Alain Feydeau, Catherine Samie, Catherine Hubeau, Paul Emile Deiber, Michel Duchaussoy, Françoise Kanel, etc…
 
 
  La visita de la Comedia Francesa obliga a hacer historia, parece que todo lo que se relaciona con esta compañía teatral encamina más hacia sus raíces que hacia las ramas del sólido tronco que la constituye. Parafraseando lo que dijera La Harpe de que “el elogio de un escritor está en sus obras” diría que el galardón máximo de la Comedia Francesa está en su historia. No ha faltado argumento para remontar el abolengo de  esta compañía hasta los siglos XV y XVI, aunque se ha convenido en tomar como punto de partida el año 1680, en el cual Luis XIV reunió en una sola las compañías del Hotel Gueguénaud y del Hotel de Bourgogne; la primera, formada con los actores del Teatro del Marais y con los de Molière (Compañía de Monsieur), quien ya para esa fecha había fallecido (después de representar una de sus propias comedias, el Enfermo imaginario, el 17 de febrero de 1673). Así, las dos compañías más importantes de Francia, de contrincantes, pasaron a ser asociadas, con el privilegio

diorama teatral

la comedia francesa

              por mara reyes.

real de exclusividad para representar en París.
     De entonces acá, esta compañía ha ido creciendo; hasta contar con un equipo de más de 500 colaboradores: cerca de una treintena de actores socios; una cincuentena de actores: socios honorarios y pensionistas; algunos alumnos del Conservatorio que se inician profesionalmente en las lides histriónicas y más de 400 técnicos: costureros, tapiceros, peluqueros, maquillistas, iluminadores y de otras especialidades.

    En las estadísticas de la compañía, se anotan más de 2,500 obras de repertorio, de las cuales la gran mayoría se ponen en escena periódicamente. Como la línea que ha seguido esta compañía es la del teatro tradicional, los autores más representados son los clásicos franceses, con Molière, Corneille y Racine a la cabeza.
    Esa actitud conservadora, se ha mantenido también en la dirección escénica y en la actuación. La Comedia Francesa hace del teatro un lugar donde se “habla bien”, se viste con propiedad, donde no pueden olvidarse ni un momento


las
convenciones teatrales tradicionalmente aceptadas. Si Molière y Corneille fueron en su época revolucionarios en el arte, quienes orgullosamente se declaran sus descendientes no se muestran tan innovadores. Las nuevas escuelas llegan a asentarse en la casa de estos preclaros comediantes con lustros de retraso. Son ellos los que más han contribuido a la cimentación del “estilo francés” de actuación, del academismo teatral o como se le ha llamado, de la escuela formalista. Sus representaciones de belleza clásica huelen a naftalina, algo hay en ellas de museográfico o museovisual; mucho tienen de pasado y poco o casi nada, de presente. Da la impresión de que los estruendos de las dos conflagraciones mundiales y de los cohetes espaciales, no hubieran traspasado o siquiera conmovido las paredes de su casa. Da la impresión de que dentro de esa casa de la Comedia Francesa, todos siguen vistiendo los atuendos de los siglos pretéritos.
    La brevísima temporada de la comedia Francesa en México, se abrió con El burgués

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