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diorama

teatral

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Graciela Doring, era la transformación que sufre su personaje al contacto de ese hombre singular que es Fabrizzi; transformación que esta actriz supo llevar tan súbita o paulatinamente como la acción se lo reclamaba, y sin que llegara nunca a ser infundada.

     No cabe duda que el ejercicio de un actor dentro del  teatro clásico, es para él la mejor cátedra. Eduardo MacGregor, después de haber actuado casi exclusivamente en obras clásicas españolas, retornó al teatro moderno con aplomo y una seguridad, que ponen de manifiesto la madurez de su estilo interpretativo y de su técnica histriónica.

    Completan el reparto: Magda Donato, en un papel breve pero jugoso; Andrea Palma, atinada, pero la misma e invariable Andrea Palma; Ramón G. Larrea, en un papel difícil –Monseñor Ottavia- que le viene un poco grande, especialmente,


debe
cuidarse de no adelantar sus reacciones; Jaime Cortés, que desempeña el inspector de Policía; Ricardo Adalid, en un correcto banquero; Micaela Castejón, en un papel episódico y Jesús

Colín.
   
De magnifico buen gusto es el mobiliario que sirve por sí solo de escenografía. Esta realización es un triunfo más que Maruxa Vilaltase apunta en su carrera.