diorama teatral
el sistema
fabrizzi
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Teatro del
Granero. Autor, Albert Husson. Traducción
y dirección, Maruxa Vilalta. Diseño Escenográfico: Julio Prieto.
Realización de la escenografía, Arq. Carlos Perdomo.
Reparto: Carlos Monden, Graciela Doring,
Eduardo MacGregor, Magda Donato Ramón
G. Larrea, Andrea Palma, Ricardo Adalid, Jaime
Cortés, Alonso Almazán, Micaela
Castejón y Jesús Colín.
Se abre el año teatral con la escenificación
de la comedia de Albert Husson: El sistema Fabrizzi, traducida y dirigida excelentemente por la infatigable Maruxa Vilalta.
Se trata de una comedia de buen
humor, en la que el autor maneja finamente la sátira hacia
uno de los pilares de nuestra sociedad: las finanzas, y su deshumanizado engranaje, el cual pone al descubierto al imaginar un sistema financiero vuelto al revés. Uno de los aciertos mayores de Husson, fue la creación
del personaje de Antonio Fabrizzi, trazado, en los dos primeros actos, con una suprema
lealtad a sí mismo y que merecía que el autor se hubiera
esforzado más en encontrar un final para su comedia más consecuente con la manera de actuar de su personaje. La anécdota, ingeniosa, es tratada
por el autor con verdadera maestría en esos dos primeros actos. Es una lástima que toda la seguridad que muestra Antonio Fabrizzi, se vea
desvirtuada en el tercer acto de la comedia; se halle sin el respaldo de una motivación, que lejos de desteñir su trazo y de hacerlo aparecer como un irresponsable, justificara su conducta. Si las finanzas de Fabrizzi crean un “sistema”, había que haberle dado consistencia a ese sistema. Si se
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buscaba “el
milagro”, entonces el autor debía, sin miedo, haber
conducido la acción hacia el auténtico milagro de “la
multiplicación de los panes” y no dejar al aire la solución,
basada exclusivamente en el azar. Pero fuera del final,
que traiciona a la comedia, la obra tiene la virtud de crear
una atmósfera en la que campea la frescura de un hombre
no corrompido, que se enfrenta a los leones y acaba
por domarlos. La situación amorosa, fuera de romper la
acción principal, la renueva, la completa, sirve, en una
palabra, tanto a la estructura formal, como para la
comprensión más plena de ese extraño filántropo que es Fabrizzi.
El diálogo, hábilmente manejado por Husson, es singularmente
aprovechado por Maruxa Vilalta. Su capacidad como directora de escena se evidencia en mil y un detalles, como por ejemplo, esa curiosa imitación que hace Fabrizzi, en ciertos momentos, de algunos de sus
interlocutores. O esos cambios de voz, de matiz y de intención, que hacen todos los
actores, para señalar transiciones que de otro modo serían imperceptibles. Maruxa da agilidad
a la acción, ritmo a las escenas y carácter aun a los personajes transitorios. Demuestra, ahora más que nunca, que la dirección escénica es una actividad que
merece ser frecuentada por ella con más asiduidad.
La caracterización que realiza
Carlos Monden es insuperable. Su personaje vive, gracias a que
Monden sabe mantener el equilibrio y el enigma de su
personalidad, sin develar nunca su misterio y sin traicionar jamás su sinceridad. Lo más difícil del papel que tocó
desempeñar a
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