diorama teatral
balance
de
1965
por mara
reyes
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INBA
Con la llegada al Departamento de Teatro del Instituto Nacional
de Bellas Artes, del dinámico Héctor Azar,
se ha intensificado la labor de difusión
teatral, educacional e investigadora de ese departamento, con funciones y cursos de teatro guiñol y, escolar; con conferencias y lecturas
sobre la historia del teatro; con publicaciones sobre teatro (Teatro
helénicode Ángel Ma. Garibay K.); con representaciones en parques y plazuelas
y en centros de preparación docente de arte
dramático, entre las que destacan las llevadas al cabo en la Sala Villaurrutia, con
alumnos de la Escuela de Arte Teatral (Mimodramas, El nuevo paraíso,
El extraño interludio y otras, que estuvieron a cargo de los noveles directores: Humberto Huerta, Mauro Dau y Elio Enriko, respectivamente).
La iniciación de labores del Centro de Investigación Teatral abre nuevas perspectivas al teatro experimental en México,
y al decir experimental no me refiero al teatro amateur, de quienes se preparan en
un oficio, sino a aquel teatro que siendo profesional, busca
nuevos derroteros y caminos para el desenvolvimiento de nuestro
teatro, tanto en lo que se refiere a “formas de
representación”, como a “formas de escritura”, pues ha llegado
ya el momento en que es imprescindible que los autores
nacionales tengan un lugar donde se
les brinde la posibilidad de la
experimentación. Un teatro nacional
no lo es verdaderamente, mientras los autores permanezcan lejanos al teatro vivo. Héctor Azar, como autor y hombre
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de teatro que es, sabe que un dramaturgo necesita
ver plasmado su texto en un escenario, con personajes de carne y hueso, para poder hallar su camino y para, una vez hallado, evolucionar y estar en
condiciones aptas, constantemente,
a la superación El teatro no es literatura. Y no es el empresario comercializado -que exige del autor
claudicaciones incontables- el más indicado para hacer
que se desenvuelva
nuestro teatro nacional. Ese centro de investigación teatral
vendrá, pues, a llenar un hueco que se hacia ya
intolerable.
Festival
Nunca los resultados de un Festival
Dramático (de los efectuados anualmente
en México) fue tan discutido como
el de 1965. La declaratoria de los jueces, quienes consideraron desierto el premio al mejor autor, despertó
ecos de disgusto que hasta la fecha siguen reverberando. De las obras en discusión: El tuerto de oro,
de Luis Guillermo Piazza; Los cazadores, de
Ignacio Taibo y Las ruedan ruuedan, de Eduardo Rodríguez Solís, sólo conozco -leídas- El tuerto de oro y Las ruedan ruedan, la primera dentro de la línea del teatro del absurdo
y la otra, de aliento poético, tienen calidades dignas de recibir más de un premio
y no de ser desdeñadas tan olímpicamente. Infortunadamente, el día que traté de ver Los cazadores, después
de haberse estrenado en el teatro Sullivan, la censura impidió
la representación. ¡Cuándo dejarán de sentirse en el Departamento de Espectáculos, como tutores de adultos!
Compañías extranjeras
Se ha hecho costumbre que todos
los años nos visite alguna, o algunas, compañías extranjeras, y en el año que
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