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Teatro Hidalgo. Autor: Friedrich Dürrenmatt. Traducción: Nicholas Wenckheim. Dirección: Ignacio Retes. Escenografía y vestuario: Julio Prieto. Reparto: Augusto Benedico, Virginia Gutiérrez, Héctor Andremar, Patricia Morán, Enrique Lizalde, etcétera…

    Friedrich Dürrenmatt tiene la facultad de conducir de la mano a su público hacia la aventura. Sus personajes lo llevan a uno a través de lo insólito por un mundo que no teme afrontar ciertas realidades. La paradoja  es exagerada a su máximo, para de esta manera dar una perspectiva a los hechos de los hombres; una perspectiva que se ahonde en la retina, que hiera los sentidos.

    En Rómulo Magno, Dürrenmatt no nos relata la historia de la caída del Imperio Romano de Occidente: nos advierte del posible derrumbe del Imperio Humano. Su obra es tautológica, pues si las ideas que maneja el autor son múltiples, todas ellas están fincadas en una sola premisa: la de que el orden del mundo se ha contravertido y sólo podremos devolverle su armonía si aprendemos a respetar la vida humana en todos sus aspectos.

    Si en La visita su forma de denunciar cómo con dinero puede comprarse la vida de un hombre es espeluznante; en Rómulo Magno la oferta del comerciante de pantalones de salvar al Imperio dando él el dinero necesario para sobornar al jefe del ejército invasor, a condición de que le sea entregada en matrimonio la hija del emperador

diorama teatral

rómulo

magno

          por mara reyes

es aún más aterradora. La aceptación de tal proposición por la hija y el novio de ella (si no por el emperador) equivale a decir que en el mundo en que vivimos los valores han llegado a su quiebre total: ya que en la parte superior de la escala están colocados el dinero y la prostitución.
   Los recursos de que rrenmatt echa mano no podrían calificarse de simbólicos, van más allá del símbolo; tampoco de simplemente paradójicos: van más allá de la paradoja, rozan lo extravagante, lo descabellado, se sumergen en lo inverosímil para destacar lo contradictorio, lo absurdo de nuestra aceptación de un mundo regido por tal desorden. Las gallinas llevan nombres de emperadores como una manera de materializar una idea: la de que el mundo está poblado por seres que se dejan manejar, sin oponer la resistencia de su propio razonamiento.

    Dürrenmatt exhibe a la patria como un Saturno devorador de sus hijos. Y al patriotismo como una aberración antihumana, ya que se le hace sinónimo de luchas, combates y muerte y sólo se

enarbola su estandarte como justificación del hombre para matar al hombre. Al través de su personaje de Rómulo, Dürrenmatt exclama con toda su rebeldía: “La patria vale menos que una sola vida humana”. Y si Rómulo se queda hasta el final en su trono, si no huye, si se ofrece voluntariamente en sacrificio, no lo hace por el Imperio, sino por el Hombre.

 En la obra, el autor enfrenta el pasado de la humanidad con el futuro. No es otra cosa el encuentro de Rómulo Emperador -al cual el pasado del Imperio le hace estremecerse de terror por su cadena de dominación y muerte-, con Odoacro -jefe hérulo que teme por el futuro de su pueblo ávido de sangre, de héroes y de víctimas-, para llegar a concluir que a todos se les ha olvidado el presente y que la vida no es sino una serie continua de presentes en los cuales nadie recapacita por estar abrumados con las tradiciones y las aspiraciones, con lo que se “fue” y con lo que se “será”. Nadie piensa en lo que se “es”. En su encuentro descubren que a ambos les gusta criar

 

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