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diorama

teatral

          por mara reyes

Romeo y Jeannette

 

Teatro Orientación. Autor, Jean Anouilh. Dirección, Maruxa Vilalta. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Jorge del Campo, Elda Peralta, Carlos Bracho, Susana Alexander, Tamara Garina, Manuel Zozaya y Alfonso Almazán.

 

Maruxa Vilalta, en su nueva actividad de directora de escena acaba de presentar una obra de Jean Anouilh: Romeo y Jeannette que forma parte junto con Jetzabel, Antígona y Medea de las Nuevas piezas negras y que fueron estrenadas por primera vez en París, el año 1947, año prolífico para el teatro ya que, fue el mismo en que O’Neill estrenó Una luna para el bastardo, Williams: Un tranvía llamado deseo, Miller: Todos eran mis hijos y Brecht: la versión de la Vida de  Galileo Galilei.

     Tal como en Antígona el eje de esta obra es el personaje  femenino, Jeannette -quien a pesar de las disimilitudes anecdóticas tiene una cierta semejanza con Antígona-. En ambas anida la misma rebeldía. Ambas se niegan a transigir, a aprender a decir sí. Cuando Antígona exclama que dejaría de amar [a] Hemón si él aprendiera a decir sí, o cuando quiere estar segura de que todo ha de ser tan hermoso como cuando era pequeña o morir, está asumiendo una actitud comparable a la de Jeannette cuando dice a Frederic: “Ah, ¿Por qué no somos ya pequeños?” Tampoco ella quiere madurar, vivir, si la condición para ello es transigir. Jeannette lo quiere todo, o nada. Si no es tan fuerte, estando viva, para arrancar a Frederic de sus ataduras, muerta sí lo es. También Antígona, al morir tiene más fuerza que Creón y todo su ejército. Y así como Antígona al morir arrastra a Hemón a la muerte,

Jeannette arrastra a Frederic a la suya. Las motivaciones son diversas, pero la dinámica es la misma.

    Maruxa Vilalta supo comprender la sicología de los personajes en toda su complejidad y lo intrincado de los caminos que esos caracteres tienen para hacerse entender no fue óbice para que ella deshilvanara la madeja y encauzara a los actores de tal manera que éstos otorgan a sus respectivos personajes toda su dimensión. La directora conjuga además con gran acierto todos los elementos escénicos: palabra, movimiento, música (bien resuelta la escena de la distante boda), sonido (como los ruidos de los platos que se lavan en la cocina), decoración (Julio Prieto consigue retratar con su escenografía la personalidad de los individuos que habitan en las dos casas, de tal manera que la palabra y la plástica se fusionan sinestéticamente, en un solo elemento y llegan al espectador como a través de uno solo de sus sentidos. No se comprendería la palabra sin la visión, o la visión sin la palabra). Conjugación ideal en los terrenos teatrales.

    Jorge del Campo hace por su parte una creación de su Lucien, el amargado hermano de Jeannette, prototipo de los personajes anouilhianos. Todas sus escenas, elaboradas desde el detalle hasta lo global, van configurando una perspectiva que se hace cada vez más nítida. Cuando alza la voz, es porque el grito está maduro, como el fruto que cae del árbol después de una larga jornada recorrida en el interior del propio fruto. Y si son muchos los frutos que caen es porque todos comenzaron a madurar al mismo tiempo, partieron de una misma semilla, como los gritos nacieron de una misma herida.

      Elda Peralta, enfrentándose

 

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