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    Como una paradoja, en este año al que se le denominó año “Shakespeare” por conmemorarse el IV centenario del natalicio del genio de Stratford, el autor más representado en nuestros escenarios fue: Alfonso Paso. Mientras la temporada teatral del Teatro de las Naciones en París se dedicó casi exclusivamente a representar obras de Shakespeare interpretadas por compañías que llegaban de todas partes del mundo, en México -aparte de la visita que recibimos de The Shakespeare Festival Companyque llevó a escena El mercader de Venecia y El sueño de una noche de verano y la de Basil Rathbone que conversó algunos monólogos extraídos de obras de Shakespeare (por supuesto todo esto fue en inglés)- los grupos mexicanos sólo llevaron a escena en la capital dos obras del autor conmemorado: La  tempestad que montó en forma por demás comercializada el Instituto del Seguro Social en el Teatro Hidalgo, y El rey Lear, representación con la cual el Instituto Nacional de Bellas Artes dio por cumplida su responsabilidad. Fuera de la capital, Álvaro Custodio y su Teatro Clásico de México representó lo que a mi juicio fue lo mejor de las escenificaciones shakespeareanas del año: Hamlet.

Pero Alfonso Paso en cambio, si hubiera venido a México se hubiera sentido más que satisfecho, nuestros actores interpretaron -e interpretan todavía- con ahínco los personajes de sus comedias, entre ellas: Vivir es formidable, Como casarse en siete días, Los derechos del hombre, Los palomos, Rebelde... y algunas otras.

Eso sí, hubo muchas conferencias, simposios y ciclos acerca de Shakespeare, organizados por las más diversas instituciones, pero a un autor

diorama teatral

balance

de

1964

     por mara reyes

dramático se le conmemora más que hablando sobre él, representándolo... es más que seguro que Alfonso Paso no cambiaría una representación por veinte conferencias.

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UNAM - IMSS – Y un grupo heróico: Teatro Club

 

Aunque parezca increíble los tres conjuntos que realizaron la labor cultural más importante del año teatral capitalino fueron: La Universidad, el Instituto Mexicano del Seguro Social (que cuentan con capital suficiente para desarrollar su labor) y el Teatro Club, un grupo que se sostiene gracias al entusiasmo de su director y su primera actriz, sin subvenciones y con el solo apoyo de la Unidad Artística y Cultural del Bosque, aunque bien sabido es que no sólo de entusiasmo puede sostenerse el teatro.

    La Universidad Nacional Autónoma de México en su local de la avenida Chapultepec, ahora denominado Teatro de la Universidad (antes teatro Arcos Caracol) presentó con su compañía de teatro universitario: Feliz como Larry, de Donagh Mac Donagh, bajo la dirección de Salvador Novo. Con la misma

compañía se estrenó Olímpica de Héctor Azar, bajo la dirección de Juan Ibáñez, mismo que dirigiera Divinas Palabras de Valle Inclán, obra con la que obtuvo en este año el Gran Premio en el Festival Mundial de Teatro Universitario en Nancy, Francia. Con la misma compañía se presentó en el teatro de la Universidad El amor médico de Molière en traducción versificada de Héctor Azar y bajo la dirección de André Moreau. Con la compañía de teatro estudiantil de la UNAM -de actores primerizos- Eduardo García Máynez presentó El mono velludo de O'Neill en forma suficientemente decorosa. La función del décimo aniversario de teatro en Coapa fue otro triunfo debido a la mano de Héctor Azar quien se ha convertido en uno de los promotores de difusión teatral más importante de México. Y esto también en el terreno didáctico, díganlo si no los alumnos del Centro Universitario de Teatro que él dirige. Pero la actividad de la Universidad no se limitó a su labor en el teatro antes mencionado y en el Centro

 

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