diorama teatral |
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movimiento y vida a tales personajes,
estáticos por naturaleza, y para los actores encarnarlos.
Magda Guzmán se afana desesperadamente por encontrar puntos de apoyo y
consigue salir ilesa de tan difícil prueba. Raúl Ramírez y Guillermo Zetina prestan
su propia personalidad a esos seres imaginarios que no “colaboran” en nada en la extenuante tarea de parecer verosímiles. Y esfuerzos semejantes
pueden apreciarse en Emilia Carranza, Fernando Mendoza, Enrique Aguilar, Angelines Fernández, Aracelia Chavira y Pilar Sen. Arturo Merino tuvo menos dificultad al personificar a un
mayordomo convencional.
De magnífico gusto la escenografía de Antonio López Mancera, bella y armónica, (por cierto una peccata minuta de
la iluminación es que cuando los actores
“suben” al piso superior, las sombras delatan
los secretos interiores del forillo y claramente se advierte
que después de ascender los escalones visibles,
en vez de continuar subiendo, bajan nuevamente).
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