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diorama

teatral

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de entre ellas sobresale la última: Cena para matrimonios, en la que hizo demostración de su dominio sobre la escena. Fábregas presentó también: Un hijo para Catalina y Ay, el cielo se está cayendo, obra ingeniosa que dio a Berta Moss ocasión de ser aplaudida. Rambal hizo culminar su trabajo anual con la reposición de Bandera negra.

   Un espectáculo original lo constituyó la lectura de los poemas de Gelsen Gas, en oscuridad absoluta, completada por improvisaciones efímeras, al que su director: Alexandro, llamó Espectáculo auditivo.

     Otras obras, mediocres como el melodrama La muerte da un paso atrás no dejaron huella, salvo por haber sido pretexto para el lucimiento de un actor o actriz, en este caso de doña María Tereza Montoya. El Arlequín, que vive en el estancamiento con sus comedias de boulevard, no tuvo perla en su alhajero, lo que es una lástima pues es un teatro que cuenta con buenos elementos y recursos suficientes como para aventurarse un poco mas; bien podrá seguir el ejemplo de un Fábregas que sin teatro con   domicilio fijo, ni mucho menos propio, trata de poner obras de calidad, o de un Rambal, que alterna lo comercial con lo artístico.  

TE (Teatro Experimental)

     De las escenificaciones con grandes pretensiones, pero sin resultado artístico real, puede recordarse la que hizo Gurrola de Los poseídos de Dostoievsky que no logró empatar y ni siquiera acercarse a la realización que hiciera en 1962 el propio Gurrola del poema Bajo el bosque blanco.

     Así como hubo buenos intentos en el terreno experimental -como los que se llevaron a cabo en la Casa del Lago- hubo otros dignos de ser olvidados en cuanto vistos, como por ejemplo aquella obra que se montó en el Teatro del Periodista: Vendaval. Hubo intentos susceptibles de ser mejorados en el futuro, cómo el de Cristóbal Merino Lanzilotti, quien si se decidiera montar obras verdaderamente teatrales en el local donde presentó una

pequeña escena -en la hostería El Fantasmo- podría obtener mejores resultados. En la sala de Covacha se pusieron dos obras en un acto de Víctor Valencia y en el Teatro del Periodista se montó Una carta perdida y otras obras, alguna por cierto en temporada semiprofesional: Un tranvía llamado deseo, dirigida por Lola Bravo. En la Galería José María Velasco también se llevaron a cabo algunas representaciones, entre ellas la de la bella obra de Luz María Servin: El paraje de la luna rota. En el Teatro Mínimo: Polifonía negra. En verdad muchos fueron los grupos esporádicos y resulta difícil hacer una lista completa de ellos.

Otros acontecimientos

Muy comentada fue la presencia de un grupo mexicano improvisado en el Teatro de las Naciones: el Teatro Independiente de México, que llevó a París: Los fantoches de Solórzano y La hora de todos de Arreola. Según las crónicas y polémicas suscitadas, los resultados de tal presentación no fueron del todo halagüeños  

Teatros nuevos

Tres locales abrieron sus puertas durante el año que concluyó: el Teatro Jesús Urueta, que Margarita Urueta piensa consagrar sólo a espectáculos vanguardistas y en especial de autores mexicanos, el local del Centro Universitario de Teatro que dirige Héctor Azar y que además del aula de conferencias, tiene un teatro círculo de pequeñas dimensiones. Y el Teatro Coyoacán, pequeño y refinado como un teatro palaciego.

Se habla del que construye el INBA.

Provincia  

En Xalapa, con vestuario magnífico, excelente dirección y actuaciones más que decorosas, se llevó a cabo la escenificación de La mandrágora, patrocinada por la Universidad Veracruzana, la cual suscitó polémicas; hubo una mesa redonda en defensa de la obra que había sido tachada de irreverente, pero la calidad de Maquiavelo se impuso y triunfó la cultura sobre la ignorancia.