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diorama
teatral
Sigue de la página tres

 

 

conducta. La voz de la tórtola es una comedia llena de ternura; en la que el autor quiere demostrar que el hombre debe sobreponerse a las decepciones cotidianas, al juego del amor, como pasatiempo, para que en el momento que encuentre el verdadero objeto de su afecto, el pasado no interfiera y arruine su relación. Sólo a través del verdadero amor, el ser humano se encuentra a sí mismo, parece decir el autor.

      En pocas escenificaciones se encuentra una coordinación de trabajo de equipo tan completa. El trabajo de los actores es una resultante lógica de la dirección, y la dirección una resultante, a su vez, del texto dramático. Hay armonía entre cada uno de los elementos que toman parte en la representación. La escenografía no se siente como una decoración artificial, sino como

el único lugar posible donde la acción podía haberse desarrollado. No puede hablarse de los aciertos específicos de tal o cual escena, o del logro determinado de un actor, del director o del traductor, ya que toda la comedia es un continuo acierto, acierto individual y acierto colectivo. El trabajo de todos tiene una forma esférica, no hay puntas ni asperezas.

      El oficio de Dimitrio Sarrás se pone a prueba; la calidad de la actuación de Bárbara Gil se manifiesta más que nunca; la sinceridad y frescura en la actuación de Miguel Córcega se hace patente una vez más; el dominio de la voz de Eugenia Avendaño parece cosa de magia. Todos contribuyen pues, a que la representación sea un verdadero fenómeno artístico, conjugado, armónico, geométrico, emotivo.