Teatro Popular de México. Clemencia. Carpa. Autor: Ignacio M. Altamirano. Escenificación: Luis G. Basurto. Escenografía: David
Antón. Reparto: Luz María Núñez, Rogelio Quiroga, Bruno Márquez, Héctor López
Portillo, Miguel Gómez Checa, Margarita Galván.
El Instituto Nacional de Bellas Artes ha inaugurado la primera carpa de las cuatro
que funcionarán en la República para beneficio cultural del pueblo. Dicha carpa
mantendrá un repertorio, por lo pronto, de obras de autores mexicanos. El
director de la compañía que se ha presentado bajo el nombre de Teatro Popular
de México, es Luis G. Basurto.
El objeto
de la creación de estas carpas desmontables es el de poder llevar el teatro a
los rincones más apartados de la República. Están dotadas de un sistema de micrófonos
para que la voz de los actores pueda llegar a todo el público; poseen, además,
un buen alumbrado y un amplio escenario y tienen capacidad para 2,500 espectadores.
La obra
seleccionada para inaugurar la temporada ha sido Clemencia, de don Ignacio M. Altamirano y adaptada por Luisa
Josefina Hernández. Aunque se trata de una obra de corte anticuado, posee los ingredientes,
llamémosles didácticos, que hacen que el contenido de ella despierte un
sentimiento patriótico en el espectador. Pequeñas concesiones como canciones y
bailes en el transcurso de la acción son legítimas. Es una especie de melodrama
accesible y que no pretende más que conmover a la gente sencilla.
Desgraciadamente
las actuaciones no están lo suficientemente cuidadas, y no porque se trate de
malos actores; muchos de ellos han demostrado tener calidad interpretativa en
otras ocasiones. Por ejemplo, esa forma de acentuar con exceso una determinada
sílaba en una frase, como cualquier estudiante del primer año de actuación, es
un defecto generalizado en la compañía, ¿a qué se debe? El ritmo, simplemente
no existe, las escenas se siguen unas a otras con una lentitud agobiante, y
aunque la obra no se presta a una gran agilidad, bien puede lograr mayor
fluidez en la representación. Es probable que lo único que falte sea ensayar
más la obra, pero esto no es cosa que justifique los errores. Para que
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fructifique este esfuerzo que lleva por objeto lograr que el público popular
guste del teatro, debe presentársele en forma lo suficientemente ágil,
sugestiva y atrayente para que no se decepcione desde su primera asistencia a
este tipo de espectáculo y responda en forma positiva.
Ojalá que
Luis G. Basurto, que tanto domina su oficio, subsane las deficiencias y logre
interesar a los públicos de todos aquellos sitios donde vaya esta carpa que ya
anuncia como próximos estrenos: Los
cuervos están de luto, de Hugo Arguelles; Los desarraigados, de Humberto Robles; "Las alas del
pez", de Fernando Sánchez Mayans, etcétera.
La voz de la tórtola. Teatro Rotonda. Autor: John Van Druten. Traducción: Alejandro Verbitsky.
Dirección: Dimitrio Sarrás.
Reparto: Bárbara. Gil, Miguel Córcega, Eugenia Avendaño.
Cuando
John Van Druten escribió esta obra, tenía 42 años, y
en ella muestra la madurez de su limpio estilo literario aunada a una gran
comprensión hacia los seres humanos. Otras obras que se deben a su pluma son: Soy una cámara, La amada bruja, Recuerdo de
mamá, El canto de las sirenas y Tengo seis peniques.
La
comprensión de este autor por el ser humano alcanza no sólo a los seres limpios
de conciencia o de trayectoria intachable, sino a aquellos otros que caen en el
error. Cuando dice: “No creo que ninguna mujer perdida piense eso de sí
misma”... o “que un loco sepa que lo es” y otras frases semejantes, está dando
a entender que el ser humano actúa según las circunstancias de su vida y ellas
justifican en cierta forma su conducta. La
voz de la tórtola es una comedia llena de ternura; en la que el autor
quiere demostrar que el hombre debe sobreponerse a las decepciones cotidianas,
al juego del amor, como pasatiempo, para que en el momento en que encuentra el
verdadero objeto de su afecto, el pasado no interfiera y arruine su relación.
Sólo a través del verdadero amor, el ser humano se encuentra a sí mismo, parece
decir el autor.
En pocas
escenificaciones se encuentra una coordinación de trabajo de equipo tan completa.
El trabajo de los actores es una resultante lógica de la dirección, y la dirección
una resultante, a su
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