La casa Rosmer. Teatro Orientación. Autor, Henrik Ibsen. Versión y dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Emma Teresa
Armendáriz, Augusto Benedico, Mario Orea, María Rubio, Ángel Casarín y Nicolas Rodríguez.
El Teatro Club vuelve a hacer acto de presencia con la obra La casa Rosmer (Rosmersholm)
de Henrik Ibsen. La
seriedad de este grupo se pone de manifiesto cada vez que llevan a escena una
obra.
Esta es la segunda ocasión que el director, Rafael López Miarnau, dirige a este autor. Si con Un enemigo del pueblo, se anotó un triunfo merecido, ahora, con La casa Rosmer,
su éxito se entrevé más pujante.
Pocos escritores fueron acusados en su época con argumentos tan
contradictorios como el autor de Casa de muñecas. Ibsen tenía la facultad de herir con sus críticas a
tirios y troyanos; se le culpó de aristocratismo, lo
mismo que de socializante, de no respetar las reglas y a la vez de ser un tecnicista, de moralista y de inmoral. Y en realidad su único
delito fue el de haber sido un hombre sincero porque para él como dijo alguna vez en sus versos: “ser poeta es erigirse en juez implacable
de sí mismo”. Siempre buscó la verdad y la libertad espiritual.
Es increíble, que La casa Rosmer, producida por su pluma en 1866, tenga la
vigencia de una obra que acabara de ser escrita hoy.
Todos los aspectos de ella, lo mismo el sicológico, que el
filosófico, el social e inclusive el político, tienen la actualidad de una
tragedia moderna. Es un acierto de Rafael López Miarnau,
haber escogido esta obra cumbre del genio noruego, otro acierto es la
escenografía. Si él hubiera producido la obra bajo un marco naturalista la
habría restringido a una época determinada, pero por el contrario dio a la obra
un marco sugerente, dejando como señales de la época en que se desarrolla, sólo
los rasgos fundamentales.
Con esta escenografía logra el director que permanezcan en la
obra los elementos universales, que dan a la tragedia una proyección en el
tiempo, con lo que prevalecen, sin detrimento alguno, los valores intrínsecos
de la tragedia.
Todas las situaciones que se plantean entre los personajes,
están captadas y comprendidas por el director y los actores, hasta la médula.
Esto no es nada fácil, ya que la tragedia, se lleva a efecto en distintos
planos. Las ideas políticas, sociales y filosóficas, son como el fondo sobre el
cual se va tejiendo el drama sociológico. En el primer nivel se ponen en tela
de juicio las estructuras convencionales de la moral burguesa.
Los personajes representan cada una de las posturas ante la
vida, Kroll, el derechista, Mortensgaard,
el izquierdista, y Brendel el idealista (o anarquista
si se quiere). En segundo nivel se pone en juego la vida espiritual del hombre.
En éste es donde se libra la verdadera batalla de los conceptos y de las
pasiones humanas. Es entre Rebeca West, Juan Rosmer y
el fantasma de la señora Rosmer, entre quienes se
desarrolla el drama.
Durante toda la tragedia, hay
siempre fuerzas que obran unas contra otras. Una de ellas es la de Rebeca, que cree
que ha destruido a la señora Rosmer y a lo que ella
representa, sin saber que
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