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El alquimista

 

    Teatro Orientación. Autor, Ben Jonson. Dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Carlos Ancira, Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, Carlos Bribiesca, Sergio Bustamante, Ángel Casarín, Ricardo Fuentes, Ángel Pineda, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander y Arturo Soto Ureña.

 

     Ben Jonson, autor de El alquimista, fue contemporáneo de Shakespeare por quien sentía admiración y afecto, a pesar de las pullas que se tenían entre sí. Su obra más conocida Volpone, la llevó a escena José de Jesús Aceves en México, en las épocas en que funcionaba el teatro Caracol, en un sótano de la calle de Cuba. En El alquimista se encuentran si no situaciones similares a las que se hallan en Volpone -su obra maestra- sí caracteres parecidos: el criado habilidoso que engaña a todos con el objeto de aligerarlos de sus monedas y muchos otros; Ben Jonson era un autor interesado sobre todo en la pintura del ambiente, más que en la discusión de los problemas de la vida que tanto preocupaban a su genial contemporáneo.

      En El alquimista, como en Volpone, no deja en ningún momento de presentar a sus personajes con un gran sentido humorístico: la charlatanería recibe su justo castigo, el arrepentimiento lo doblega, como buen cristiano que era.

     Ben Jonson procura no salirse de los cánones y esto quizá se deba a su interés por los clásicos. La agilidad con que se desenvuelven las escenas en El alquimista y el tono satírico de sus diálogos acercan la obra a la farsa, sin que llegue a ella, quedándose en la comedia de enredo, ambiental, que no lleva

            diorama
               teatral
                      por mara reyes

otro objeto que la crítica de distintos personajes de la sociedad burguesa, como son el personaje que interpreta Carlos Ancira, o los puritanos, a los que no pierde oportunidad de herirlos con su saeta; es más que probable que al ironizar  sobre éste o aquél personaje Jonson estuviera dirigiendo sus dardos a algún contemporáneo suyo, pero el hecho de que hoy no sepamos quién pudo ser aquel contemporáneo no hace perder vigencia a la severa crítica que hace de los tipos cuya bajeza descubre, y que aún podemos encontrar en nuestra época.

     En lo que se refiere a la puesta en escena, el director, Rafael López Miarnau, cuidó sobre todo de dar la atmósfera que las situaciones y la época requerían. Rafael López ha sabido crear en su compañía una seriedad, una disciplina y un entusiasmo que hace de las representaciones una manifestación de verdadero arte.

     Sergio Bustamante, en momentos, pícaro del Renacimiento y en otros “rebelde” del siglo XX, proyecta simpatía por su forma espontánea de actuar.

      Emma Teresa Armendáriz no tiene en esta ocasión un papel de lucimiento. Al tratar de dar un carácter italianizante a su personaje, le dio más bien un acento español, pero su trabajo es limpio y lo desempeña con el amor de siempre.

      Augusto Benedico sorprende con la magnífica personificación

 

que hace de ese burlador burlado que es el alquimista.

     Carlos Ancira, recuerda en cierta forma aquel personaje que interpretó en La mandrágora y no es extraño, dado el carácter italianizante de la comedia; su trabajo es como siempre, excelente. Sería imposible enumerar las virtudes de cada uno de los actores, pero puede asegurarse que todos ellos: Ángel Casarín, Carlos Bribiesca, Ricardo Fuentes, Ángel Pineda, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander, etc. realizan interpretaciones dignas de encomio.

     Profesionalismo, dedicación amor a su trabajo, armonía de equipo y limpieza son las características de este grupo, Teatro Club, que sin lugar a dudas es uno de los mejores de nuestra capital.

 

Tchin-Tchin

    Sala 5 de Diciembre. Autor, François Billetdoux. Dirección, Alexandro Jodorowsky. Escenografía, Manuel Felguérez y Fernando García Ponce. Reparto: Leonor Llausás, Guillermo Orea, Pablo Leder, Bernardette Landrú, Humberto Huerta, Stella Brunette, Luis Erazo y Mario Ochoa.

      Billetdoux, es un autor que ha causado revuelo en Francia por su fuerza dramática, su sencilla exposición, su denuncia de una clase social que él ve en decadencia, su forma directa de plantear los

 

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