Resaltar búsqueda

diorama

    teatral  

Sigue de la página cuatro

 

 

propósito es el enriquecimiento personal.

      En esta farsa, Inclán pone todo su ingenio para desenmascarar los vicios que se escudan tras de las supuestas necesidades políticas, los tan traídos y llevados enredos entre el clero y la milicia y todo esto jugueteando alrededor de un personaje brillante como lo fue la seductora, inteligente, astuta Güera Rodríguez, a quien Kitty de Hoyos interpreta bien, con gracia, a pesar de no corresponder físicamente al tipo que requería el personaje.

    La fina comicidad de esta farsa fue hábilmente aprendida por el joven director Óscar Ledesma, quien sabe dar vida a cada personaje y ante todo logra algo muy difícil para todo director, hacer de sus actores un grupo homogéneo. Quizá el único personaje un tanto más burdamente dirigido, haya sido el Santa Anna, interpretado -lo mismo que hace siete años- por Reynaldo Rivera. Ledesma

 

tiene porvenir como director, ya se vio desde El anzuelo de Fenisa y si peca de algo, ello es sólo de una tendencia a mover a sus actores en forma demasiado dancística.

     Uno de los trabajos más sobresalientes es el que realiza Carlos Navarro, al interpretar al Príncipe con toda medida, guardando un equilibrio extraordinario en ese papel tan fácil de hacer resbalar a un actor. Es probablemente la mejor interpretación de su carrera hasta ahora.

     Siendo muy numeroso el reparto es imposible referirse a cada uno de los actores, especialmente cuando todos desempeñan limpiamente su trabajo. Lo que en ningún momento se aprecia adecuada, es la escenografía; esas columnas que dividen la escena y los colores empleados no funcionan como elemento decorativo ni ambiental. En resumen, es un buen espectáculo.