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diorama    teatral

Sigue de la página dos

 

 

del hombre, exclama: “¡Qué tanta historia por una catástrofe! Siempre hubo catástrofes… Además -y entonces ironiza- miremos un poco nuestra ciudad. Toda de cristal y aluminio... Realmente, desde el punto de vista edilicio, es una bendición que se haya destruido.”

     Y cuando al fin, ha llegado la calma, la paz, cuando todo se ha reconstruido, viene la amargura nuevamente. “Olvidadas han sido las ruinas. Y el dolor olvidado. Y los gritos desesperados de los carbonizados, también olvidados. Más hermosa que nunca, más moderna que nunca, más altiva que nunca. Con más altura y prosperidad resurge nuestra ciudad” y agrega el corifeo: “Pero en el fondo, dentro del corazón, nada ha cambiado”. Esto es ya una advertencia... si nada ha cambiado quiere decir, que podría volverse a destruir la ciudad, también por la mano del hombre.

     La manera que utiliza, para exponer sus conceptos, Frisch, es bastante peculiar, por una parte, participa de algunas ideas de Brecht en cuanto a la forma y en cuanto a tomar el teatro no como su medio de crear emoción, sino de hacer pensar al público. A cada momento le recuerda que no es la vida misma lo que está viendo, sino una representación teatral que traspone los acontecimientos reales con un cierto distanciamiento -para ello utiliza la parábola- que obliga al espectador a recapacitar en lo indebido de esas circunstancias. Procura que este espectador realice, pues, una toma de conciencia.