diorama
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del hombre, exclama: “¡Qué tanta historia por una catástrofe! Siempre hubo
catástrofes… Además -y entonces ironiza- miremos un poco nuestra ciudad. Toda
de cristal y aluminio... Realmente, desde el punto de vista edilicio, es una bendición que se haya destruido.”
Y cuando al fin, ha llegado la calma, la
paz, cuando todo se ha reconstruido, viene la amargura nuevamente. “Olvidadas
han sido las ruinas. Y el dolor olvidado. Y los gritos desesperados de los
carbonizados, también olvidados. Más hermosa que nunca, más moderna que nunca,
más altiva que nunca. Con más altura y prosperidad resurge nuestra ciudad” y
agrega el corifeo: “Pero en el fondo, dentro del corazón, nada ha cambiado”.
Esto es ya una advertencia... si nada ha cambiado quiere decir, que podría
volverse a destruir la ciudad, también por la mano del hombre.
La manera que utiliza, para exponer sus
conceptos, Frisch, es bastante peculiar, por una
parte, participa de algunas ideas de Brecht
en cuanto a la forma y en cuanto a tomar el teatro no como su medio de crear
emoción, sino de hacer pensar al público. A cada momento le recuerda que no es
la vida misma lo que está viendo, sino una representación teatral que traspone
los acontecimientos reales con un cierto distanciamiento -para ello utiliza la
parábola- que obliga al espectador a recapacitar en lo indebido de esas
circunstancias. Procura que este espectador realice, pues, una toma de
conciencia.
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