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Carmelita
González, Andrea Palma, Marina Marín, Mario Delmar y Regino Cardo.
A Nöel Coward se le ha
llegado a calificar como el Sacha Guitry inglés por
el espíritu humorístico de sus comedias propias para teatro de boulevard,
aun cuando entre su producción pueden encontrarse obras serias como Easy virtue (La fácil virtud) o The rat trap (La ratonera), pero predomina en ella
la comedia de tono frívolo, de diálogo ingenioso en la que procura describir
la sociedad acomodada de este siglo en Inglaterra.
Sobre Un espíritu travieso, comedia no de las más típicas de este
autor, aparece en el programa de la Sala Chopin una cita -aunque no
entrecomillada-, del prólogo escrito por Charles David Ley a esta obra, en el
que afirma que en ella entran “dos elementos que no están en las otras
comedias de Coward. El primero es lo fantástico
-visto desde un ángulo humorístico-, que hace que el protagonista encuentre a
su lado a su primera esposa muerta, pero vuelta temporalmente del otro mundo.
El segundo elemento es una figura de farsa, una absurda espiritista que va en
bicicleta a todos lados y habla como una institutriz deportista. Es posible
también que, bajo la farsa aparente de las situaciones de esta obra, haya una
idea oculta la muerte como continuación”.
Aun cuando desde la fecha |
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en que esta obra se estrenó en Inglaterra -16 de junio de 1941 en
el Opera House de Manchester‑, en México ha sido vista tanto en teatro como en su
versión cinematográfica, la comedia es susceptible de atraer público.
Desgraciadamente la puesta
en escena no es ni ágil, ni cuidadosa. Los diálogos “de tres” ‑con el fantasma‑ están totalmente desaprovechados.
Las situaciones equívocas -que abundan en la comedia-, debido
a la poca imaginación para resolverlas, acaban por cansar. Tal parece que al
buen actor Rafael Llamas, no lo llama el teatro por el camino de la
dirección.
Si la actuación de María
Idalia y la de Carmelita González acaban por resultar monótonas, esto se debe
sobre todo a la falta de recursos del director, quien además de los
propiamente artísticos, necesitaba haber puesto en juego recursos de tipo
técnico menos burdos, para la sesión espírita [sic] y para las salidas y entradas do los fantasmas.
Lorenzo de Rodas sale
adelante en su interpretación, lo |
mismo que
Mario Delmar y Regina Cardo. Marina Marín saca
partido a sus breves intervenciones. Y Andrea Palma... todos sabemos que
después de unos cuantos días de pasado el estreno estará estupenda; el papel
le vendrá como guante al dedo, habrá en ella esa simpatía tan propia de
Andrea... todo esto cuando se aprenda su papel, pues el día del estreno fue
la mejor colaboradora que tuvo la comedia en su lentitud. Andrea hizo
lagunas, equivocó los parlamentos, provocó el que el apuntador se escuchara hasta
la última fila de butacas, además del nerviosismo de sus compañeros y en
fin... que Andrea Palma debiera, por profesionalismo, estudiar sus papeles
antes de presentarse al público.
De la escenografía de Julio Prieto, lo mejor fueron las pinturas
y la escultura de Gironella que ornamentaban la estancia. porque el ambiente ingles apenas y estaba esbozado. |
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El vestuario de las mujeres ‑salvo
el de Andrea Palma que es bastante bueno-, resultó pobre y de mal gusto.
A pesar de los errores, esta comedia
tiene más aciertos que la anterior producción de esta compañía: Una mujer cualquiera. Ojalá que la
próxima supere a ambas.
Yo no engaño a mi
marido. Teatro [D’]Alarcón.
Autor, George Feydeau. Dirección, Raúl Zenteno.
Reparto: Celia D'Alarcón, Francisco Muller, Trosky, Mario Herrera,
“Pomponio”, "Pistache", Mary Ellen,
G. Santa Cruz.
En uno de los intermedios de la representación de Yo no engaño a mi marido, escuché este
diálogo:
Señora X.‑ ¡Es una vergüenza! A “esto”
deberían quitarle el nombre de “teatro” y ponerle “carpa”.
Señor X.‑ ¡De ninguna manera! También las
carpas protestarían.
De lo que se deduce que es, pues, un problema de bautizo. Pero,
¿puede escribirse en una columna que se dedica a la crítica de TEATRO un
comentario sobre un espectáculo que se propone desprestigiar al teatro? Mi
conciencia me dicta que no se debe. |
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