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diorama

    teatral

Por MARA REYES

 

    Fando y Lis. Teatro de los Compositores. Autor, Arrabal. Dirección, Alexandro Jodorowsky. Escenografía, Manuel Felguérez. Vestuario, Lilia Carrillo. Reparto: Beatriz Sheridan, Alexandro, Héctor Ortega, Farnesio de Bernal y Álvaro Carcaño.

El nombre de Alexandro se está convirtiendo en mágico. Si ya antes se nos había mostrado en toda su capacidad creativa dentro de un teatro de la crueldad, con Penélope se nos presentó como un director surrealista de gran envergadura y hoy nos manifiesta una nueva faceta: su capacidad de ternura.

Estén o no de acuerdo los espectadores y los críticos, con el género de obras que escoge, nadie podrá negar la enorme calidad artística de las creaciones de Alexandro que si es juzgado sin prejuicio, sin duda este año se hace acreedor al premio del mejor director.

En todas las épocas se ha visto la lucha de aquellos que sustentan las teorías tradicionales contra aquellos que las rompen por considerarlas inoperantes. Es por eso natural, aunque no justo, que se combata a Alexandro, como se combatió en su época de juventud a todos los grandes artistas.

Todo el mundo repite, casi hasta convertir en lugar común que “el teatro refleja la vida de la época” y, sin embargo, mientras el teatro refleja la vida de la época inmediata anterior todo va bien, pero en cuanto comienza a ser una verdadera expresión de la época que se vive… entonces se viene abajo el precepto y todos se niegan a reconocer que sea ésa la verdadera faz de nuestro tiempo.

La obra que seleccionó en esta ocasión Alexandro es de un autor del que lo único que se sabe es que es de origen español, joven, hijo de refugiados, que vive en Francia y que escribe en francés. Y aunque otra pieza de él acaba de estrenarse en Nueva York: El cementerio de automóviles, la obra que Alexandro nos presenta constituye una verdadera novedad: es su estreno mundial.

Se ha querido ver en Arrabal. con Fando y Lis una influencia o una semejanza con el teatro de Ionesco o con el de Samuel Beckett, no obstante, es tan diferente el sentido de la vida que tiene cada uno de estos autores

 

que no es posible hallar relación alguna entre ellos.

Fando y Lis son dos personajes, pero si hurgamos bien en el interior del hombre encontraremos a ambos. Fando representa las limitaciones del hombre, la imposibilidad de satisfacer las propias ambiciones. Es por eso que es cruel, y tierno a la vez, y lo es consigo mismo y con los demás. Lis, en cambio, representa la fantasía, la ilusión, el amor, los ideales, es por eso que es paralítica, ya que la fantasía o el ideal, o el amor, si no van fincados en las posibilidades reales son impotentes, de ahí que Fando deba llevarla a cuestas.

Fando es un solitario, en tanto que tiene su propia fantasía puede vivir solo, pero en el momento en que la meta tiene que acercarse a los demás, tiene que ser gregario, es decir, que para hacerse un ser social, debe prescindir en cierta forma de sus ambiciones. Fando, en un momento, se atreve a soñar, se atreve a decir que hay flores en donde no las hay, en ese momento Lis le dice que no hay flores, desde ese instante Fando debe destruir su ilusión, se ve impelido a encadenar a Lis.

¡Cuántas veces la propia ilusión hace sentirse angustiado al hombre a tal extremo que debe aniquilar esa ilusión! ¡Cuántos quieren ser reyes y apenas son oficinistas de tercera categoría!, y ¡cuánto han hecho sufrir al hombre sus propias ambiciones! Y así cuando la fantasía le quita la alegría de vivir, cuando Lis rompe el tambor, cuando le priva de su posibilidad de cantar, tiene que matarla para poder sobrevivir. Y mata a Lis, pero le lleva a su entierro, una flor y un perro: o sea la ternura. y la fidelidad.

El leit motiv de la obra es esa necesidad del hombre de llegar a “algo”, de encontrar lo anhelado, y va en su busca, no obstante, diariamente inicia la marcha hacia aquello que busca. Aun a pesar de que se ha matado el objeto amado, y la ilusión, ya con el apoyo de otros seres humanos que también han perdido su fantasía, vuelve el hombre a buscar ese “algo.” Es decir, queda la esperanza.

El contrapunto de la obra lo lleva el trío de los hombres. Toso representa el sentido práctico de la vida, en

 

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