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fuerzas que lo impulsan y a las fuerzas que lo frenan.
En cuanto a la dirección,
supo Lola Bravo imprimirle
un espíritu que toma vigencia en nuestro ambiente mexicano y muy
especialmente que interesa al público
popular al que está dirigido el espectáculo. Como siempre se advierte su
cuidadosa dirección, no sólo en lo que
respecta a la profundidad con que están
interpretados los caracteres, sino en los detalles pequeños. La dirección de
Lola Bravo es como la unión de pequeños eslabones. Cada escena es una unidad, cada movimiento y cada gesto
es a la vez un fragmento y un todo. Por eso al tejido total no puede
quitársele un punto, porque se desbarataría toda la urdimbre.
En lo que refiere a la
actuación todos los actores son jóvenes que deben su mayor experiencia a su trabajo en esta compañía de Teatro
Popular, una de las más recientes hornadas de actores; y no sólo su trabajo
es muy apreciable, sino que es muy valioso. Para ellos aún no existe la
rutina, hay frescura en todos sus momentos. El peso de la obra descansa sobre
todo en Rogelio Quiroga, Xavier Marc, Aída Maycott,
Leticia José y Héctor Bonilla, es por eso, que el trabajo de ellos es el más
destacado, sin embargo, todos los
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actores están bien en sus interpretaciones. El que lleva sobre sí el
papel del abogado, Mario Castillón, le notamos más bajo que en otras
interpretaciones suyas, como por ejemplo en Petición de mano.
Xavier Marc, merece un párrafo
aparte, sus trabajos en La cita, de Anouilh, La
comedia de las equivocaciones, de Shakespeare, Petición de mano, de Chéjov, Los cuervos están de luto, de Hugo
Argüelles y ahora en el Rodolfo de este Panorama…
ya son una demostración palpable de que no se trata de una promesa, sino de
una realidad. No hablamos de versatilidad, sino de una verdadera capacidad de
identificación con los personajes que interpreta. Demuestra en esta obra, muy
particularmente, una gran sensibilidad artística y creadora.
La traducción, también de
Xavier Marc, es bastante correcta, aunque el lenguaje está un poco suavizado
(cosa indispensable para su representación en México), si tomamos en cuenta
que la obra se desarrolla entre bastidores, en los suburbios de Nueva York.
Discreta y muy apropiada es
la escenografía de López Mancera.
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