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Diorama Teatral

Por MARA REYES

 

Panorama desde el puente. Teatro de la Feria. Autor: Arthur Miller. Traducción; Xavier Marc. Dirección: Lola Bravo. Escenografía: Antonio López Mancera. Reparto: Xavier Marc, Rogelio Quiroga, Aída Maycott, Leticia José, Héctor Bonilla, José Sandra, Antonio Longoria, Mario Castillón, Giovanni Favela, Manuel Lizaola, Andrés Torres, Vicente Cabello, María Estela Molina y Pedro Martínez.

Por fin es un hecho, después de muchos esfuerzos, el llevar buen teatro al pueblo, en un edificio en el que la gente humilde no se siente cohibida de entrar, y en el que ve obras buenas, dirigidas magníficamente y con actuación más que decorosa. El Teatro de la Feria está cumpliendo su cometido con toda dignidad. El ver al público entrar a la sala a empellones para ganar un buen lugar, es emocionante, sobre todo si tomamos en cuenta que hasta ahora el pueblo ha visto con mucha displicencia el teatro de comedia. Sin embargo, cuando todo parece que comienza a ir sobre ruedas, sobreviene el contratiempo: los teatros de la Feria desaparecerán porque en ese predio se construirán edificios que servirán a otros menesteres. Esto da una idea de la cantidad de energía que se pierde en nuestro México (esos teatros fueron apenas construidos cuando se realizó la Feria del Libro en noviembre del año pasado) y también hace notorio el cómo nuestras autoridades están empeñadas en deshacer con una mano lo que hacen con la otra.

Cuando no se clausuran teatros con el pretexto más banal: tal cual pedirle estacionamiento a un teatro de barrio, como el Tepeyac y el Batán (este último está destinado a centro cultural de la Unidad Independencia y es claro que los inquilinos de esa unidad no tienen por qué llegar en coche al teatro); o si no, tomar como pretexto la supuesta inmoralidad de autores corno Fernando de Rojas (toda persona que ha estudiado secundaria sabe que es uno de los clásicos españoles), Anouilh o Strindberg, para cerrar los teatros, negando de esta manera a la gente adulta el derecho de juzgar por sí misma, y al estudioso de conocer a los grandes autores del teatro universal. Decíamos, cuando no se clausura o se prohíbe, entonces se derrumbaban los teatros. Tal parece que nuestras autoridades están empeñadas en una lucha sin cuartel en contra del teatro. Teníamos entendido que existe una ley que prohíbe demoler un teatro, a menos que fuera para construir otro en el mismo sitio. ¿Para los teatros destinados al pueblo, esta ley no tiene vigencia? ¿Por qué se inutilizan precisamente los únicos tres teatros a los cuales el pueblo tiene acceso: El Teatro de la Feria (dependiente del INBA), el Tepeyac y el Batán (estos últimos del Seguro Social, y construidos con el fin exclusivo de la difusión cultural y no del lucro). ¿No

 

se advierte en esto un sabotaje al teatro y lo que es peor, a la educación del pueblo y a la cultura? ¿Quién es el responsable? Y ¿por qué se actúa en esta forma? No es posible evitar estas preguntas. Y es necesaria una explicación pública de estos atropellos. El pueblo tiene derecho de que se le den explicaciones.

 

En cuanto a la obra que repone ahora el Teatro de la Feria: Panorama desde el puente, estrenada en México en agosto de 1958 bajo la dirección de Seki Sano, podemos decir que es una muy digna presentación la que hace Lola Bravo de esta difícil obra de Arthur Miller.

Ha demostrado esta directora que al público no sólo le interesa reír, sino que también sabe apreciar las tragedias y que se conmueve con ellas, pues Panorama desde el puente como género teatral, es una obra que sigue rigurosamente, en moderno, todos los lineamientos de la tragedia griega.

La concepción de la obra, su carácter social, su denuncia, su fondo humano, el carácter de sus personajes, todo es característico de la tragedia. Los personajes que en ella intervienen, no son reyes, ni dioses, sino hombres, trabajadores. Sin embargo, de entre ellos, Eddie, el protagonista, representa el poder; dentro de sus posibilidades tiene un nivel de vida que los primos recién llegados de Italia envidian. Tiene una familia que vive en forma más o menos estable (para ese medio), tiene la capacidad de dar albergue a dos inmigrantes; además es respetado en su ambiente. Su carácter, como el de los protagonistas trágicos que Aristóteles describe en su Poética, es noble y honrado; la pasión -es decir, su destino- es lo que lo hace derrumbarse. Otra característica del protagonista trágico es el despertar en el público temor y compasión, cosa que Eddie despierta indudablemente, para terminar destruyéndose a sí mismo, no por un castigo exterior, sino porque ha descubierto una verdad que no puede afrontar, otra característica de la tragedia.

Podemos encontrar más elementos que aparecen en la tragedia griega, como el movimiento que lleva de la felicidad a un estado de desgarramiento interior y por el cual arrastra a la infelicidad a aquellos que lo rodean, y el coro, que aparece representado por el abogado, éste es la voz del pueblo, que presiente, que conoce, que no puede hacer otra cosa que amar al protagonista, temer por él, compadecerlo, que comenta su dolor y que al fin perdona para que todo vuelva al orden; la vida debe volver a tomar su curso.

Arthur Miller, con esta tragedia, profundiza, en todo aquello que concierne a la emoción del hombre, al medio en el cual vive, a las  

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