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Diorama Teatral

Por MARA REYES

 

   Edipo rey. Teatro XoIa. Autor: Sófocles. Traducción: J. Alemany Bolufer. Dirección: Ignacio Retes. Escenografía y vestuario: Julio Prieto. Música y dirección de la orquesta: Blas Galindo. Director del coro: Alberto Alva. Director del ballet: Miguel Vélez. Orquesta y Coros del IMSS. Reparto: Ignacio López Tarso, María Teresa Rivas, José Carlos Ruiz, etcétera.

Desgraciadamente son muy pocas las oportunidades que tenemos en México de ver escenificadas las obras de los clásicos griegos -que es como decir de los clásicos de todo el teatro occidental- y menos aún, las ocasiones en que vemos éstas representadas en forma tan justa y tan propia como la que actualmente se lleva a efecto en el teatro Xola.

Hablar de Edipo rey, de Sófocles, nos remitiría a bucear entre toda la literatura que al respecto se ha escrito. Únicamente recordaremos al lector que fueron precisamente las obras de Sófocles, aquellas en las cuales se apoyó

 

Aristóteles para extraer las reglas de composición y las características de la tragedia como género teatral, que escribió en su Poética. Técnicamente, de Sófocles sabemos que fue quien introdujo un tercer personaje en el teatro griego, además de haber hecho otras innovaciones, como el tratamiento del coro y otras, pero ante todo, sabemos que fue este autor quien dio mayor hondura humana a sus personajes y quien más se preocupó por descubrir los verdaderos sentimientos y misterios del alma humana. Tanto es así, que Freud, al elaborar su teoría psicoanalítica, tomó el nombre de “Edipo”, para designar uno de los complejos que aquejan al hombre cuando no llega a superar la etapa “edípica” por la que todo hombre pasa. Así pues, el estudio de Edipo rey se ha llevado a efecto en planos diferentes: el de la técnica dramática, el literario, el sicológico, el filosófico, etcétera.

En cuanto al efecto que esta tragedia debió causar en el público de su tiempo, es fácil imaginar lo que debe haber sido el ver descubiertos en la escena, por vez primera, los más íntimos secretos del ser. Por otra parte, toda la alusión a una peste en la obra, en un momento en que -según se cree- el Ática acababa de sufrir una epidemia que había causado enormes estragos entre la población, debe haber sido estrujante. Por otro lado, el contacto con los dioses, que se percibe en todas las tragedias, debe haber sido para los griegos un elemento de más emoción. Según Nietzsche, Dionisos no dejó nunca de ser el héroe trágico y Edipo, Prometeo, etcétera… “no son más que disfraces del héroe original, Dionisos”. Y agrega: “El único ser verdaderamente real, Dionisos, aparece en una pluralidad de figuras bajo la máscara del héroe que combate y que se encuentra al mismo tiempo enlazado con los restos de la voluntad particular. El dios se manifiesta entonces, por sus actos y por sus palabras, como un individuo expuesto al error, presa del deseo y del sufrimiento”. También para Nietzsche, en Edipo, Sófocles, nos grita que “La punta de la sabiduría se vuelve contra el sabio; la sabiduría  

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