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Panorama Teatral en 1960

 
Sigue de la página dos

 

  y A su imagen y semejanza, comedia con la que Rafael Solana recibió el premio a la mejor reposición, habiendo estrenado también este autor La casa de la Santísima, adaptación de su novela del mismo nombre, y Espada en mano.

Otros nombres de autores mexicanos sonaron: Luisa Josefina Hernández, con La paz ficticia, Luz María Servín con Juego a papá y mamá y Federico S. Inclán, cuya primera obra en el año fue Cada noche muere Julieta, de buena factura, valiente, aun cuando abusa al servirse de largas tiradas de Romeo y Julieta de Shakespeare; sin embargo, las cualidades de esta obra lo pusieron a salvo, cosa que no sucedió con sus dos siguientes obras: Deborah, en la que Carmen Montejo luchó denodadamente por salvar esa pieza absurda y demostró su gran calidad de actriz, y Cuartelazo, presentada dentro de la temporada de Lunes Populares de Teatro, obra ingenua a la que falta consistencia. No fue un buen año para Inclán. ¿Será que le fue perjudicial recibir el Premio Juan Ruiz de Alarcón el año pasado?

Pocos autores mexicanos nuevos aparecieron: Hugo Argüelles, con su obra Los cuervos están de luto, comedia de sabor macabro, Fernando Sánchez Mayans, del cual ya hablamos, Maruxa Vilalta, con una adaptación de su novela Los desorientados, poética y de buena intención, pero falta de acción y en la que la técnica dramática brilla por su ausencia y... nada más. Hubo otros intentos bastantes fallidos de dos autores: Marissa Garrido y Rosa Margot Ochoa y el desastre del año: La dama de las camelias, de Dolores Puche.

 

             Teatro comercial

 

En cuanto a las obras de este tipo de teatro, la que indudablemente se llevó las palmas fue Horas robadas, obra tierna en la que destacó la actuación de Cesáreo Quezadas y de Miguel Manzano. Realizada también por Liza Alonso, El dulce pájaro de la juventud, de Tennessee Williams, probó el interés de esta empresa por llevar a la escena teatro de calidad, aun cuando el resultado no haya sido todo lo óptimo deseable.

Manolo Fábregas obtuvo un triunfo con La maestra milagrosa en la que la niña Elizabeth Dupeyrón le “robó cámara” a Aurora Bautista; no así con otras obras como Maribel y la extraña familia.

El teatro Arlequín se mantuvo todo el año con La vedette y el Cardenal, una comedia divertida y nada más, salvo el mes de septiembre en que alternó dicha comedia con A su imagen y semejanza, debido al Festival de Teatro Mexicano.

Se formó una nueva compañía: la de Enrique Alonso y Lorenzo de Rodas, montando, Cinco minutos antes, Los desorientados y El hombre que yo maté, un conflicto de conciencia de un hombre que mata en la guerra a un enemigo, que al fin y al cabo, también es un hombre.

Banquells y Ortiz de Pinedo han encontrado ya su filón, con un teatro de comedia sin ningún valor teatral, pero que divierte al público grueso.

Ramba1, en cambio, siendo su objetivo también el de hacer que el público goce, ha puesto obras llevadas a la escena más seriamente, con buena producción, dirección y actuación. El difunto protesta es el triunfo más definitivo en este tipo de obras.

En cuanto a comedias musicales, hubo fracasos y triunfos. La pelirroja fue un éxito, especialmente para Virma González, quien demostró tener una "vis cómica" poco común. Brigadoon no corrió la misma suerte a pesar de su fastuosa producción,

 

resultó pesada y sin gracia. Siga mi ejemplo -en la que vimos por última vez a la Chula Prieto- fue un acierto; en cambio, el primer intento de una comedia musical mexicana: Rentas congeladas, de Sergio Magaña, fue un estruendoso fracaso.

 

      Teatros que se estrenaron

 

Se estrenaron tres teatros de comedia: el Xola y Tepeyac, del Instituto Mexicano del Seguro Social, que este año inició una encomiable labor teatral al llevar a escena: Marco Polo, de O'Neill; Un tigre a las puertas, de Giraudoux; Otelo, de Shakespeare; El tío Vania, de Chéjov; Una ciudad para vivir, de Retes, y Contigo pan y cebolla, de M. E. de Gorostiza. Además se estrenó el Teatro Once de Julio, con la comedia Crimen pluscuamperfecto, más que imperfecta, por no decir infumable.

 

          Teatro experimental

 

Hablar del teatro experimental sería tan largo como hablar del profesional. Sólo mencionaremos la labor de algunos grupos como el de la Escuela Teatral del INBA que estuvo presente en la Feria del Libro, haciendo llegar el teatro al público a precios realmente populares, con diversas obras bajo la dirección de Dagoberto Guillaumin unas, y de Lola Bravo otras. Lola Bravo una vez más se mostró como una excelente directora, lo mismo en esta breve temporada, como en su actividad al frente del Teatro Infantil del Teatro del Bosque, en donde dio a conocer diez obras de autores mexicanos para niños, entre los que se encuentra Carballido, Magaña, Ibargüengoitia, Olga Harmony y Enrique González.

Otro grupo experimental de gran relieve es, sin duda, el del Teatro Estudiantil de la Universidad que dirige Héctor Azar y que presentó obras como Julieta o la clave de los sueños, de Neveux; Anacleto Morones, de Juan Rulfo; La máquina de sumar, muy bien dirigida por Eduardo García Maynes. También en el Teatro de la UNAM se presentó Ensalada de pollos de Cuéllar y Diálogos del pensador, de Fernández de Lizardi, con el grupo de Teatro de Coapa, también bajo la dirección de Azar, y el grupo del Centro Deportivo Israelita, en el mismo teatro, presentó El mundo de Scholem Aleijem, de Arnold Perl, bajo la dirección de Seki Sano, quien en este año no presentó ninguna obra dentro del teatro profesional.

El grupo de la Facultad de Arquitectura de la Universidad, a principios de año nos brindó una magnífica puesta en escena de Despertar de primavera, dirigida por Juan José Gurrola, sobre los conflictos internos del adolescente. Otro grupo que desarrolló una prometedora actividad fue el del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana.

Y por supuesto un evento de gran importancia lo constituyó el VII Festival Dramático organizado anualmente por el INBA en el que resultaron premiadas dos obras: El juicio, de Alfredo Pacheco B., y Columbus 1916, de José María Camps.

Los grupos experimentales en general están realizando una labor importantísima dentro del teatro nacional, puesto que son los que abren brechas, rompen moldes y encuentran nuevos caminos. Sin embargo no todo en este aspecto fue dechado de virtudes; la puesta en escena de Reflejos en casa de los pretensos de And Lona, fue el naufragio más ruidoso de cuantos puedan existir.

 

Panorama general del teatro mexicano

 

Esta ojeada por nuestras actividades teatrales nos confirma, en lo que se refiere

 

al teatro mexicano que existe en nuestros autores una preocupación por los problemas humanos y sociales, ya que en su mayoría revelan una inquietud por afrontar nuestros problemas. Esperemos que este año esas inquietudes se afirmen y cada autor profundice más en sus raíces, para que el fruto quede mejor sazonado y nuestro teatro se engrandezca.

 

Proposiciones para las ternas anuales

 

Autor: Emilio Carballido y Fernando Sánchez Mayans.

Director: Alexandro Jodorowsky.

Actriz: Magda Donato, Carmen

Montejo y Berta Moss.

Actor: Carlos Ancira.

Revelación femenina: Virma González, Beatriz Sheridan y Susana Alexander.

Revelación masculina: Héctor Ortega.

Escenografía: Antonio López Mancera y Lorenzo Silva. Este último por Yo también fui campeón, dada su subordinación a las necesidades teatrales [sic].

Grupo experimental: Teatro Estudiantil de la Universidad, bajo la dirección de Héctor Azar. Grupo de la Escuela Teatral del INBA, bajo la dirección de Lola Bravo.