La casa de la Santísima. Teatro 5 de Diciembre. Autor: Rafael Solana. Dirección: Luis G. Basurto.
Escenografía: Leoncio Nápoles. Reparto: Doña Prudencia Grifell, Francisco
Jambrina, Mario García González, Augusto Benedico, Ernesto Alonso, Malena
Doria, Antonio Gama, Yolanda Guillaumin, etcétera.
El l° de septiembre se inauguró el primer Festival
de Teatro Mexicano, con la obra de Rafael Solana La casa de la Santísima,
adaptación de su novela del mismo nombre, publicada recientemente.
En
los casos en que como ahora se trata de una adaptación, no puede uno evadirse
a la comparación. Es preciso desentrañar qué valores se conservan o mejoran y
cuáles se pierden. Una de las cualidades mayores de la pieza teatral, que
constituye una ganancia en relación a la novela, es la ausencia absoluta de
truculencia. En la obra teatral todo es natural, diáfano. No existen
actitudes estereotipadas a las que tanto se presta la representación de una
“casa” como esa. Por otra parte, algunos de los personajes ganaron en la
adaptación, como por ejemplo el maestro Camín. Hablemos ahora de las
pérdidas. La principal fue la del ambiente. La novela mantiene vívido el
ambiente de la época en que se desarrolla -1930- y el ambiente
de la “casa”; en cambio, en la adaptación esta doble ambientación queda
desleída. Por otro lado en la síntesis se cuidó con acierto de tomar
únicamente los problemas fundamentales; empero, los largos parlamentos llenos
de pormenores y narraciones de la vida de los personajes, hicieron que se
perdiera en agilidad.
En cuanto a lo que es estrictamente la técnica, hubo
un serio error en la construcción dramática: la forma de hacer suceder las
escenas, una tras otra, sin relación entre sí. Dos personajes hablan, salen,
entran otros, hablan, salen, entran otros, y así hasta el fin de la obra.
Sin embargo, a pesar de estas fallas, la obra mantiene el interés.
En cuanto a la dirección, es esta una de las menos afortunadas
de Luis G. Basurto, quien no consiguió vencer la pesadez de los largos
parlamentos, sino que por el contrario, coadyuvó a la lentitud del ritmo de
la pieza. La última escena, la de la muerte, en cambio resultó precipitada y
dejó un sabor de cosa incompleta.
Por lo que toca a la interpretación, todos están
correctos en cuanto que siguieron las instrucciones del director, pero falta
calor a la obra en |