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Antes del estreno de un cuento milesio que contó Shakespeare y repite León Felipe

Armando de Maria y Campos

    A las nueve horas en punto del viernes 27, William Shakespeare, remozado por León Felipe, subirá a la escena del Teatro Universitario -ahora en el teatro de la Comisión Nacional de Electricidad-. León Felipe ha vertido al castellano con una libertad que va más allá de la paráfrasis, el cuento milesio contado por Shakespeare en la obra traviesa y, arbitrariamente titulada Twelfth night (en español, Lo que queráis). León Felipe ha escrito un prólogo poético en verso libre. Lo ofrezco como anticipo -y para deleite- a los lectores de esta columna.

     "Prólogo.- Va a comenzar el cuento. Las cortinas están cerradas. El prólogo entra abriéndose paso por la abertura central. Dice, dirigiéndose al público:

     Damas y caballeros...
     Vamos a contar aquí esta noche un viejísimo cuento:
     un cuento tradicional, dramático y poético...
     un cuento inmemorial y anónimo... que viene de muy lejos      (Pausa)
     un cuento que viene... casi, casi del sueño.
     La Edad Media... fue un maravilloso
     reino de fábulas, de prodigiosas hazañas y misterios.
     Los milagros salían de la tierra como las espigas del centeno...
     todo era allí de todos... era un reino comunal y mostrenco.
     Los cuentos volaban como pájaros... los llevaban y los      traía el viento.
     Se posaban en el árbol, en los tejados, en la espadaña de los templos.
     Los peregrinos los prendían en la esclavina, junto a las
     veneras, o los colgaban en la cintilla del sombrero.
     Les gustaba hacer su nido en los conventos.
     Junto a las gárgolas... o bajo la visera de un alero...
     A veces en la misma capucha de los legos...
     cerca del pensamiento...
     a veces en los pliegues más cálidos del hábito, en el costado tierno del corazón, como una paloma extraviada y      fugitiva se acurrucaba un cuento.
    

     Entonces los cuentos no tenían origen ni dueño.
     Aún no había nacido el "copyright", el autor exigiendo sus derechos...
     aún no había nacido ni el libro, ni el teatro, ni la jaula,
     ni el orgulloso carcelero.
     Porque el libro... lo mismo que el proscenio
     es una jaula donde se mete a un cuento prisionero...      (Pausa)
     Perdonad... he divagado como un necio...
     Decía que vamos a contar aquí esta noche... un viejísimo cuento.
     Es un cuento milesio... Un cuento mediterráneo y marinero...
     un cuento de naufragios, de aventuras y de enredos
     que ya contaban antes de Ulises y Jasón, los mercaderes y marinos griegos
     En el teatro de Roma más tarde lo dramatizó Terencio.
     Y Shakespeare lo recoge del árbol fabuloso del medievo.
     En 1601 se lo cuenta a la corte isabelina de Inglaterra
     con la gracia maravillosa de su genio...
     y con los nombres de Noche de reyes o Lo que queráis
     ha venido rodando hasta nosotros desde el      Renacimiento...
     pero... ninguno de estos títulos tiene que ver nada con el texto.
     Shakespeare recontó el viejo cuento milesio
     a su manera, en un escenario primitivo según los preceptos
     transitorios y temporales que gobernaban entonces el proscenio.
     Pero cargó la comedia, y en esto radica su genio,
     de un aire grávido y poético invulnerable a las dentelladas del tiempo.
     Alguien aquí, ahora, en la ciudad de México, sin duda      más atrevido que discreto,
     ha puesto la comedia en versos castellanos, ha reducido      el texto
     a tres jornadas, ha interpolado nuevos personajes y conceptos...
     Es decir, que ha dado a la comedia otra medida y otro aliento.
     Ha contado de otro modo el viejo cuento milesio.
   

     No vengo a denunciarlo... vengo a poneros en alerta,
     y a deciros que, según mi vieja experiencia
     en este campo de la dramática poética,
     se puede jugar al tira aquí y levanta allá
     con el atrevimiento y desenfado que se quiera
     en lo referente a las modas transitorias que cambian
     como las veletas en el viento...
     pero ¡ay! de aquel que menoscabe en un ápice, el acento
     de ese aire ingrávido y poético
     ¡invulnerable! a las dentelladas del tiempo.
     No digo más... Advertidos quedáis... Estad atentos...      (Desaparece el Prólogo)".

     Y empieza el cuento, que ocurre en Iliria, ciudad encantada y marinera, en los exaltados días de la fantasía y la leyenda, fuera de un tiempo determinado; pero, todo sucederá poéticamente y nada será anacrónico...
     El público podrá comprobarlo dentro de unas horas y estará con el cronista.